¡Adiós a las armas!

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Hoy 27 de junio de 2017, la guerrillera de las FARC completa el proceso de dejación de armas, que es una parte fundamental del cumplimiento del Acuerdo de la Esperanza firmado en noviembre del año pasado en el teatro Colon de Bogotá. 

Para la Marcha Patriótica este es un hecho trascendental que marca un nuevo amanecer en la historia de Colombia, la dejación de armas de la guerrillera que inicio con 48 hombres y mujeres en las tierras del Tolima hace más de 50 años. 

Esta acción, la dejación del cien por ciento de las armas, llena de esperanza a Latinoamérica y el mundo, pues en un contexto donde no hay un continente que no esté enfrentado a la amenaza de la guerra, la salida política a un conflicto armado, se convierte en un hito, en un referente mundial de paz. El fin de un conflicto armado que ha dejado más de 200 mil muertos y el reconocimiento de casi 8 millones de víctimas, debe significar una inmensa alegría para los colombianos y las colombianas. 

Para la Marcha es claro, que la paz no es el fin del conflicto armado, no es el silenciamiento de los fusiles, la paz es el fin de las condiciones que lo originaron y por eso es tan importante que el Acuerdo de Paz busque atacar las causas de la guerra. Porque el haber reconocido las necesidades del campesinado hace unos sesenta años, el haber permitido la existencia de sus dinámicas comunitarias en las zonas de colonización y el respeto de sus vidas, nos hubiera evitado estos cientos de miles de muertos. Si las familias que gobiernan desde el inicio de la vida republicana de Colombia, hubieran escuchado los clamores de reforma agraria, si hubieran facilitado la participación de los excluidos en las decisiones políticas, si no hubieran asesinado a la oposición política, si conforme a la obligación del Estado, hubieran construido la infraestructura que permitiera el mejoramiento de sus condiciones de vida, con vías, herramientas, educación, salud y tantas otras cosas básicas, hoy la historia hubiera sido distinta. 

Pero las decisiones de los políticos gobernantes fueron otras y no escucharon a su pueblo, escucharon a quien desde el parlamento vociferaba el absurdo argumento de las “repúblicas independientes”, casualmente, de los mismos partidos y familias que hoy se oponen a la paz y definieron con esto el destino de Colombia como un destino de guerra, una guerra que ha generado durante todos estos años, un intenso dolor que se ha incrustado en el espíritu de las familias del pueblo colombiano. 

Pero hoy 27 de junio comienza otra historia, con la dejación definitiva de las armas fruto del Acuerdo entre las FARC y el gobierno, empieza otro momento, un nuevo amanecer que quiere desligar la guerra como destino único de la vida de los colombianos y las colombianas. Este nuevo amanecer permitirá que estos guerrilleros y guerrilleras que eran algo más de 30 y ahora son miles, dejen sus fusiles y se articulen a la construcción desde la política de nuevos sueños, junto al resto de la población, de la edificación de la nueva Colombia que hoy quiere renacer con fundamento en el respeto de la opinión del otro y de la reconciliación de los corazones. 

Quedan muchas tareas, la amenaza del paramilitarismo está presente en varias regiones y la persecución contra líderes y lideresas permanece. Pero esto no puede ser motivo para desfallecer, los colombianos y colombianas no permitiremos abrirle el camino a aquellos que quieren hacer trizas los sueños de paz para seguir en el sino trágico que les permite vivir de los frutos de la guerra. 

La paz es tarea de todos y todas y ya es momento de dar un paso adelante para la construcción, no solo desde la defensa simbólica del Acuerdo de la Esperanza y del proceso con el ELN, sino en la implementación de lo firmado, que requieren desarrollar el espíritu de reconciliación como herramienta básica para la edificación de un país nuevo que defienda la vida y la diversidad y asumir como propios todos y cada uno de los puntos de lo que se ha convertido en la hoja de ruta del surgimiento de la esperanza como destino de nuestro pueblo. 

Que no se repita la historia, el gobierno y su clase política debe cumplir lo acordado para por fin cambiar la história de Colombia. 

¡Adiós a las armas, bienvenidas las palabras!

 

Movimiento Social y Político Marcha Patriótica

27 de junio de 2017

 

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