Por la paz regional y la soberanía de Venezuela

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La ofensiva conservadora no se detiene, las oligarquías de algunos países latinoamericanos y caribeños cumplen el trágico papel de coro griego a las pretensiones injerencistas de los Estados Unidos contra nuestra hermana República Bolivariana de Venezuela. Países que actúan con doble moral, mientras apoyaron reales golpes de Estado en Honduras en el 2009, en Paraguay en el 2012 y más recientemente en Brasil en el 2016, hablan de restricciones democráticas en Venezuela, un país asediado por la especulación empresarial y la desestabilización imperial. 

Desde la llegada de sectores populares al poder en 1998, Venezuela ha soportado la amenaza constante de intervención: grupos de ultraderecha prepararon y concretaron el secuestro del presidente constitucional Hugo Chávez en 2002 y asumieron el gobierno a través de un Golpe de Estado; en 2003 desarrollaron un paro petrolero con nefastas consecuencias para la economía del vecino país, e impulsaron desde ese momento una guerra económica para dejar sin alimentos a la población, con la clara intención de generar malestar y abonar un golpe de Estado contra el gobierno constitucional dirigido por el presidente electo democráticamente Nicolás Maduro, utilizando el mismo repertorio de acciones empleadas en el golpe cívico-militar en Chile contra Salvador Allende, en septiembre de 1973.

El gobierno de Colombia se presta a la actuación ilegal de Luis Almagro, secretario de la Organización de Estados Americanos -OEA y alienta la desestabilización invocando la aplicación de la “carta democrática” contra Venezuela. ¿Con cuál autoridad moral acusa Colombia a Venezuela de un golpe y de inconstitucionalidad?, cuando fue el gobierno colombiano, en cabeza de Uribe, el primer país en reconocer a Roberto Micheletti, presidente de facto, tras el golpe militar en Honduras, de la misma manera aceptó de plácemes el golpe parlamentario en Brasil en el 2016, y mantiene desde hace décadas una sistemática violación a los derechos humanos de las ciudadanas y ciudadanos colombianos opositores. Les recordamos al gobierno y a la comunidad internacional que en lo corrido de 2017 el saldo trágico llega a 37 líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados.

El presidente Santos, olvida rápidamente el fundamental apoyo de los presidentes Chávez y Maduro para lograr el acuerdo de paz con las FARC-EP y el inicio de las conversaciones con el ELN. Se puede entender que la participación del gobierno colombiano en la arremetida imperial contra Venezuela es una traición al proceso de paz y al propio gobierno de Maduro quien ha dispuesto en todo momento de la ayuda logística y política necesaria a favor de la paz de Colombia. Resulta alarmante, para las fuerzas democráticas colombianas, esta actitud injerencista de nuestro país en medio de una creciente tensión mundial desatada por la actitud beligerante de Donald Trump.

Para nosotros y nosotras está claro que quienes pretenden dar un golpe de Estado en Venezuela son los Estados Unidos, en conjunto con los países que cínicamente apoyan a Almagro y la ultraderecha venezolana. Los medios de comunicación difunden mentiras y producen confusión, es claro que el gobierno de Maduro no desarrolló ningún golpe contra el parlamento venezolano, existe en cambio, el flagrante desacato de la Constitución Política por parte de la ultraderecha, desconocimiento que obligó al Poder Judicial a considerar acciones legales para garantizar el cumplimiento cabal de la Constitución y de las leyes vigentes. Ni Almagro, ni la OEA, ni un sector minoritario de la población, cuentan con la potestad de cambiar las leyes y los principios constitucionales de Venezuela. 

Estados Unidos, las empresas de medios de comunicación y un grupo de poder venezolano, pretenden acabar con el proyecto de Siembra Petrolera impulsado por la Revolución Bolivariana, que le ha garantizado todos los derechos sociales, económicos y políticos a la población venezolana, aún en medio de la especulación y el acaparamiento de bienes en el marco de la guerra económica. Entendemos que la razón principal de la acción desestabilizadora internacional es por el control de la mayor reserva de petróleo existente en la región ubicada en el subsuelo de Venezuela; a la par pretenden acabar simbólicamente con la rebeldía bolivariana despertada en todo el continente a partir del liderazgo del expresidente Hugo Chávez. 

Abogamos por el respeto a la soberanía política y económica de la República de Venezuela y nos declaramos respetuosos y solidarios de las decisiones del pueblo venezolano, respaldamos la construcción social del poder comunal y ciudadano y reconocemos a su presidente constitucional Nicolás Maduro. Hacemos un llamado al movimiento popular colombiano para que apoyemos, sin vacilación alguna, al hermano pueblo bolivariano que siempre con grandeza y con fuerza ha demostrado ser consecuente con las gestas independentistas.

Nos solidarizamos con el movimiento popular venezolano, asediado y golpeado por la injerencia norteamericana, y ponemos a disposición la posibilidad de iniciar intercambios justos de alimentos, a crear un comercio de los pueblos que rompa con las lógicas de especulación y sabotaje de la guerra económica desatada en contra del proyecto bolivariano venezolano. Demostremos como hermanos y hermanas de la Patria Grande, que hoy más que nunca estamos dispuestos a luchar por la segunda y definitiva independencia de Nuestra América.

Por la autodeterminación del pueblo Venezolano

Contra la arremetida conservadora en Latinoamérica

Movimiento Político y Social Marcha Patriótica.

 

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