Jóvenes pijao y la paz de la Colombia profunda

Indígena
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Por Achiote / Colectivo Agrario Abya Yala

Muchas preguntas rodean el proceso de implementación de los acuerdos de la Habana y en las generaciones que serán protagonistas de la construcción de la paz en Colombia hay gran interés sobre el proceso de dejación de armas de las FARC-EP y en entender cómo construir canales de reconciliación, de perdón, de mirar hacia adelante, como en el espiral que es reconociendo lo ya caminado, viendo hacia atrás.

Desde el sábado 8 de abril, hasta el miércoles 12, en la “semana santa” en que muchos descansan, se reunió el Grupo Pijao, conmemorando sus 5 años de trabajo y en un nuevo capítulo de la Escuela #CultivandoCosechas Juan Manuel Ortíz Palomá, en homenaje a uno de los integrantes del grupo, que siendo concejal de Natagaima, trascendio en cuerpo en un accidente de tránsito. Como Colectivo Agrario Abya Yala acompañamos la realización de la Escuela en dos días de trabajo en el cabildo indígena Ico (deidad en las cosmogonía Pijao) Valle de Anape del municipio de Ataco, Sur del Tolima. En la Escuela la afirmación y rescate de la identidad ancestral Pijao, viene tejida del acompañamiento espiritual de los Mohanes y Mohanas, mayores, mayoras y médicos tradicionales que reivindican el uso del Tabaco y otras plantas de protección y conexión con la vida para la vida. Los jóvenes Pijao lo saben y por eso los acompañan en su camino.

Como principio de trabajo conocernos, escuchar nuestras historias, compartir como jóvenes de 12 a 32 años, de cabildos indígenas de los municipios de Natagaima, Coyaima, Chaparral y Ataco, jóvenes de padres y abuelos campesinos de Boyacá y Bacatá. Al recorrer apartes de las biografías que nos juntaron en este intercambio de saberes e historias personales fue clara la huella de la guerra. Hermanos, padres y madres hoy ausentes de la vida cotidiana y de la lucha por los derechos populares; familias campesinas desplazadas y desterradas por la violencia de estado o la violencia económica. En respuesta afloran los deseos de soñar y hacer posible el país negado,  florecen los principios del Grupo y su apuesta por afirmar la identidad como hijos y nietos de los pueblos indígenas y campesinos. Son jóvenes, esperanza en movimiento que recorre el territorio del Pueblo Pijao en Tolima como partida para habitarlo y para defenderlo.

Con el escenario de construcción de Paz que abren los acuerdos de la Habana en la vida cotidiana y en los debates y diálogos de calles y veredas en Colombia, otro de los escenarios que trabajamos en la escuela teórico-práctica, desde las expresiones que permite el “teatro del oprimido”, fue el manejo no violento de los conflictos, camino por andar como sociedad en Colombia. La violencia de las élites nacionales y su expresión regional y local, y las formas corruptas de apropiación de lo público han generado un desprecio y repudio popular por el ejercicio de la política, limitado hoy día en la mayoría de los casos por el vacío ejercicio electoral. Con sus guerras y el desprecio por el pueblo han venido generalizando esa misma violencia en las vidas cotidianas que se refleja en las cosas más sencillas, en el bullyn, en la violencia contra la mujer, en la falta de diálogo para enfrentar los problemas diarios.  Esa herencia de múltiples y convergentes formas de opresión debe erradicarse desde el poder político como un compromiso real de lo pactado por parte del Estado Colombiano en Cuba y como elemento básico que inspire la construcción de paz  en el día a día.

En esta mirada, en la Escuela #CultivandoCosechas Juan Manuel Ortíz Palomá hablando a muchas voces sobre el proceso de implementación y la respuesta generancional a la guerra, vimos cómo mientras en campos, veredas y pequeños municipios, Grupos como el Pijao se preparan para ser partícipes desde los territorios, se complementan con expresiones tambien juveniles como las vividas en las ciudades tras la exigencia del derecho a la paz, la fiesta tras la firma de las negociaciones en Cuba, la defensa masiva en las calles del acuerdo tras la pérdida en el plebiscito y en la veeduría a la implementación tanto en el "fastrack" como en el contacto directo de jóvenes estudiantes de universidades privadas y públicas con procesos como los de la Zonas Veredales de Transición y Normalización y la campaña Venga esa mano por la Paz.

En estas manifestaciones resalta un espíritu de ciudadanía activa que contagia corazones de todas las edades y que ve y sabe de política y se la juega por la paz, que contrasta con las miradas neoconservadoras, fanáticas religiosas y basadas en el miedo al cambio, que son expresadas en los actos homofóbicos y llamados a desconocer el gran paso que se dió con la salida negociada al conflicto armado entre el Estado Colombiano y las FARC-EP del llamado Uribismo. Ese espíritu guerrerista que ha habitado el miedo hoy día se acalla amorosamente con el llamado a muchas voces, especialmente el de las víctimas de la guerra,  para generar espacios de reconciliación en esta Colombia herida por la guerra, donde perdimos todas y todos y dónde quienes se beneficiaron económicamente de la violencia puedan perdonarse y buscar escenarios de justicia social que afirmen la diferencia.

A través del mundo son muchas las imágenes que representan el miedo que impone la guerra. En ese escenario como colombianas y colombianos somos vistos en el mundo como esperanza de cambio. Ese es nuestro papel ahora en la historia como generaciones. Así como inspiró Sudáfrica con el fin del Apartheid, o Irlanda del norte con el fin de la guerra y el ejemplo de los países centroamericanos con sus aciertos y sus muchas deudas con las víctimas, hoy nuestra Colombia con el fin del conflicto armado, que camina con la férrea decisión de las FARC-EP y del proceso que va con el ELN, tiene por responsabilidad mostrarle al mundo como hemos resistido como pueblos al embate de la guerra en estos 525 años de saqueo de la Abya Yala y como saldremos fortalecidos del conflicto armado de estos últimos 60 años.  

En todo este proceso de cambio como nos lo enseñan los jóvenes del Grupo Pijao tenemos que ver con orgullo a nuestra ancestralidad, a nuestra identidad, a nuestro territorio, a la historia de la Colombia profunda. En cada región hacer homenaje a nuestros héroes populares y conocer sus enseñanzas y aprendizajes es fundamental. Para el país de la Colombia de las mayorías lo Jóvenes Pijao rescatan la herencia de Eutiquio Timoté, de la Cacica la Gaitana, de Manuel Quintín Lame y desde el recorrido por el territorio del que son titulares el cerro del Pacandé, los Nevados de la diosa  Dulima y del Ruiz, los picos de los avechuchos y sus gentes, se construyen los nuevos relatos de fin del conflicto armado. 

¡Señores de la guerra su tiempo se acabó!

Gracias Cubio : )

 

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