Las 37 reformas constitucionales ya aprobadas y las otras tantas en curso, así como la perversión de poderes reales que penetran la economía, la política y la vida social colombiana, han destruido el frágil sistema de contrapesos entre instituciones públicas y han sumido en la abyección nuestro régimen político.

El escándalo actual de la Rama Judicial, aunque es hoy el más conspicuo, lastimosamente está lejos de ser la única muestra de agotamiento de la democratización y gobernanza que buscó el constituyente primario en el 91.