Unos días agricultor y otros minero

Constituyentes
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Alrededor de 15 organizaciones cumplieron con el ejercicio de escuchar y analizar los contextos en que cada uno vive. La constituyente es un gran proceso social y ambiental donde se están pensando alternativas para el desarrollo y permanencia en el territorio.

Agencia Prensa Rural

Rostros colorados, miradas profundas, sonrisas festivas del Bajo Cauca antioqueño, llegan al coliseo de Caucasia para realizar la Constituyente Minero-energética. Son días de fuertes lluvias. También de violencia. Muchos no llegaron porque temieron moverse o quedaron incomunicados. La noche anterior asesinaron a una mujer de veinte años en el casco urbano de Puerto López, corregimiento de El Bagre.

Sin embargo los que llegaron moldearon unas propuestas para que las condiciones en sus regiones sean diferentes. Alrededor de 15 organizaciones, convocadas por la Asociación de Hermandades Agroecológicas y Mineras de Guamocó (Aheramigua), cumplieron con el ejercicio de escuchar y analizar los contextos en que cada uno vive. La constituyente es un gran proceso social y ambiental donde se están pensando alternativas para el desarrollo y permanencia en el territorio.

Tres temáticas fueron las que guiaron este encuentro y son las que representan esa lucha y vivencia en el Bajo Cauca: minería, hidroeléctricas y ordenamiento del territorio, temas que rodean esa zona y que traen problemáticas y al mismo tiempo propuestas. “No solo es que exista la norma sino que se garantice su cumplimiento, porque el Estado omite puntos de las leyes y no realiza asesorías a los mineros, a los campesinos”, dice el profesor de la Universidad Externado Jaime Arias, y la idea es que las comunidades tengan una planeación técnica de su actividad, la que sea.

El Estado, en el artículo 334 de la Constitución, dice ser el dueño del suelo e intervenir en la explotación de los recursos naturales, y está olvidando que también dice “asegurar, de manera progresiva, que todas las personas, en particular las de menores ingresos, tengan acceso efectivo al conjunto de los bienes y servicios básicos”. No habla de una articulación, ni generación de materias primas para las regalías, para el campo y el agro cuando ese suelo es explotado.

Ambientalistas populares

“La naturaleza no debe ser sometida, es un sujeto de derechos. La conflictividad ambiental debería ser asumida con rigor. El territorio está ordenado y somos los seres humanos los que dañamos esa armonía”, reflexiona el profesor Gregorio Mesa de la Universidad Nacional.

Toda esta constituyente es tocada por lo ambiental, porque es la mayor problemática que vive el campesino en el Bajo Cauca. Es que allí todos son campesinos en esencia, y han tenido que turnarse con el oficio de la minería, más de lo tradicional, porque las dinámicas del país han cambiado. Algunos proyectos manejados por el Estado o la propiedad privada han esterilizado los suelos, secado las aguas, han desarraigado a los habitantes.

“Nos afecta que las Fuerzas Militares entren a prestar seguridad en las hidroeléctricas, a las empresas que intervienen la zona, sin tener en cuenta los asentamientos de los pobladores del lugar. Muchas veces no se puede transitar libremente por la región donde se ha trabajado la minería, la agricultura, entonces nos vemos reservados, nos vemos estorbando, como dicen las Fuerzas Militares, para ejercer la economía”, dice Hermes, de la asociación Consejo Mayor Comunitario del Porce.

“Hoy tenemos que tener un carné, en el propio territorio llamado Colombia. ¿Cuándo se ha visto eso de que yo tenga que tener un carné en mi casa para poder comer? Somos colombianos. Perdónenme la mala expresión: estamos preñados de ilusiones y vivimos pariendo desengaños”, dice fuerte un minero en una de las mesas de trabajo.

La mayoría son mineros que viven en zonas alejadas y aun así la maquinaria del desarrollo está pasando por encima de ellos. Muchos quedan llenos de información y perplejos ante tan oscuro panorama en toda la región.

Semanario Voz

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