Homenaje a las víctimas del paramilitarismo en el Valle

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El 31 de julio de 1999 el departamento del Valle del Cauca fue sacudido por la primera masacre oficial de los paramilitares del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). La masacre se produjo en el corregimiento La Moralia de Tuluá, donde Sandra y Orlando Urrea fueron asesinados en un baño de sangre que, en complicidad con las Fuerzas Militares y el Estado colombiano, cobró la vida de más de 2.300 personas en el Valle del Cauca.

En homenaje a las víctimas del paramilitarismo, organizaciones campesinas, sociales y de Derechos Humanos declararon el 31 de julio como el Día de las víctimas del paramilitarismo en Valle del Cauca, realizando de manera anual el evento Memoria y dignidad campesina que conmemora la resistencia de estas comunidades que derrotaron al paramilitarismo.

Este año se cumplió su quinta versión, realizándose el 30 de julio en La Moralia  con una nutrida asistencia donde, desde el exilio en Canadá, Julio César Robledo, hermano de Andrés Robledo, dirigente de la organización campesina Los Yarumos asesinado por el Bloque Calima, criticó la falta de justicia y llamó a continuar la lucha por esclarecer la verdad.

“Necesitamos, hoy por hoy, el coraje en esa búsqueda de esa verdad diáfana, y esa verdad esquiva que a veces parece una tumba. Día a día, la verdad saldrá a flote. Y ustedes amigos campesinos, amigos de tantos líderes muertos, de tantos líderes en el exilio, nunca olviden: la memoria y la dignidad por la lucha campesina continúa”, manifestó Robledo.

El evento además contó con participación del PNUD, el Centro de Memoria Histórica, la Pastoral Social de Palmira, la Secretaría departamental de Paz y Reconciliación, la Red de Derechos Humanos Francisco Isaías Cifuentes, la Coordinación Campesina del Valle del Cauca, Astracava, delegados de las FARC, Marcha Patriótica y sectores de la academia.

Después de 18 años de ocurrida la primera masacre, para las organizaciones campesinas del Valle, la usencia de justicia ha sido el común denominador. Que el Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC contenga un punto dedicado a las víctimas representa, para éstas, el reconocimiento de esa impunidad

 “Que en La Habana se haya llegado al acuerdo de víctimas, donde se habla de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, es reconocer por parte del Gobierno que no ha habido justicia para las víctimas”, afirmó Fabián Cuadros de la Coordinación Campesina del Valle del Cauca.

El Acuerdo de Paz trae consigo herramientas importantes para esclarecer la verdad como lo es la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Para las FARC esto es un paso fundamental para identificar los sectores de la economía que financiaron el paramilitarismo.

“En el marco de la Jurisdicción Especial para la Paz, creemos que en la sala de la verdad, el tema de verdad histórica puede jugar un papel preponderante frente a determinar terceros que fueron los financiadores de todo el paramilitarismo en el país”, señaló René Nariño de las FARC

Finaliza así una un año más de Memoria y dignidad campesina, con un balance positivo para la búsqueda de la verdad y el reconocimiento a la lucha de las comunidades que fueron víctimas del accionar paramilitar.

“Es un balance muy positivo. Logramos recordar a las víctimas, logramos exaltar su nombre, su memoria; hacer que esto no caiga en el olvido, que se recuerde en esta región pero también a nivel nacional”, concluyó David Flórez, vocero de Marcha Patriótica.

 

Oficina de Prensa

Marcha Patriótica Valle del Cauca

 

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