Homero Hernández: “Nosotros no sembramos coca por gusto”

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Homero Hernández es un campesino nacido en la zona de Dos Bocas, en Anorí, Antioquia. Es coordinador general de los Comités Cocaleros del municipio y, para que la malicia no tenga cabida, coordina la sustitución de los cultivos de uso ilícito en la manera como quedó pactado en el Acuerdo de la Habana: integral, concertada y voluntariamente. Este territorio está compuesto por más de 30 veredas, las cuales hacen parte de la Asociación Campesina del Norte de Antioquia -ASCMA-.

Homero y su familia, como muchas otras familias de Colombia, obtienen su sustento del cultivo de coca, donde por años la presencia estatal ha sido invisible ante sus ojos. Se estima que cerca de 64.500 familias viven de la siembra de la coca en el país y Homero no se avergüenza de su labor, pero siempre recalca, dejando muy claro, que él como muchos otros, no cultivan coca por gusto sino por pura necesidad.

-“Yo nací, crecí y moriré en Anorí, usted va a ver y hoy en día, en la Alcaldía tienen disque de lema, ‘Territorio de Paz’, territorio de paz donde se siembra coca, ¡Eso no existe! Es un municipio que queda al nordeste de Antioquia, eso limita con Segovia, Tarazá y Zaragoza; por allá la violencia siempre ha estado presente. En el 88 hubo una masacre terrible en Segovia, ¿Y sabe a cuenta de quién?, pues de los paramilitares”-.

Se hace evidente en la mirada de Homero, a pesar de tener una mirada tranquila, los horrores que le ha tocado ver. Dolor y sufrimiento con destellos de esperanza se entiende en su expresión.

-“De esto es que se alimentan las familias,  nosotros no sembramos coca por gusto. Yo sé que nosotros, como campesinos, estamos dispuestos a sustituir esos cultivos, pero sustituirlos, no que lleguen acabar con todo de un día por otro”. “Yo a veces pienso que a estas alturas es el mismo Estado, por su abandono, el que nos ha obligado a encontrar en el cultivo de coca un sustento para sobrevivir”-

Y desconcertado pregunta:

-“¿O es qué la gente piensa que a uno le gusta que le fumiguen hasta los pollos y hortalizas que uno tiene para el consumo diario? A nosotros en Anorí nos ha tocado vivir desde fumigaciones, hostigamientos por parte del Ejercito Nacional, hasta bombardeos a la población civil. Nos señalan y estigmatizan por estar organizados, por ser parte de la Asociación Campesina y más encima nos dicen que somos narcotraficantes”-.

Continua sus palabras que enseñan la lucha que por años ha llevado, para cambiar lo que entendemos cuando nos hablan de quienes cultivan coca. Se entiende también en la fuerza de su oratoria, el enorme esfuerzo que ha hecho por cambiar la realidad social desde su posición y desde su región.

-“Somos campesinos que hacemos parte de un territorio, el cuál el Estado pareciera no reconocer. Hacen invisibles las necesidades básicas, que como seres humanos, así sembremos coca, tenemos. Vivimos de trabajar la tierra, nos tildan de narcotraficantes y a mi sí me gustaría que me mostraran el primer campesino cultivador de coca o raspachin que sea millonario, dueño de casas y fincas y con los hijos estudiando en el exterior. Nosotros no podemos mandar a un hijo a que estudie en la universidad, si nos cuesta que termine el bachillerato, o si acaso lo comience. Somos campesinos y pobres, no narcotraficantes”-.

Impregnado de esperanza, finaliza diciendo:

-“En todos estos territorios, donde se ha sembrado coca por años, lo que necesitamos son cambios rurales, que el Estado brinde las herramientas para el desarrollo del campo. Yo creo que si mejoramos las condiciones del campesino y del campo, en las ciudades también van a estar mucho mejor. Quisiéramos, los campesinos cultivadores de coca y creo hablar por todos, convertirnos en el referente para la implementación de los Acuerdos”-.

Homero Hernández:  campesino trabajador y dueño de una sonrisa sincera.

La tirantez de su piel producto de trabajar horas bajo el sol en el campo, deja ver la realidad de este hombre, y la de muchas familias en Colombia, que sería irresponsable tildarlas de narcotraficantes. Entender a los cultivadores como victimas del conflicto es una labor de todas y todos, que  también hace parte del camino de la reconciliación para construir un país en paz.

 

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

 

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