“Soy líder social, y eso hoy significa cargar con el ataúd encima”

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La historia de Bertewil Ocoro, líder comunitario y gestor cultural de Santa María de Timbiquí, Cauca

 

En medio de las calles polvorosas en las que se levantan casas de madera que adornan el paisaje, existe un hombre que desde sus ojos jóvenes y críticos enseña a las personas su postura, sus preocupaciones, el dolor que le causa su tierra, esa injusticia que se hace evidente cuándo de salud, educación, vivienda, alcantarillado o infraestructura vial se habla. Su tiempo lo reparte entre su familia, la política y la droguería de la cual es propietario. 

Hombre de corazón noble que se asquea con la indiferencia manifiesta del Estado, luchador inmarcesible que anda por el camino de los derechos y saberes. Gestor cultural y líder social. Su pasión se evidencia en el momento que habla de la riqueza cultural que está inmersa en sus tradiciones, en el sincretismo y en sus costumbres. En escasos cuatro días, Bertewil Ocoro explicó la realidad social de su golpeada y adolorida Santa María de Timbiquí, situada en la costa Pacífica del departamento del Cauca. 

Desde las ventanas y puertas de las casas de madera se asoman las sonrisas para saludar a este personaje, que se ha esforzado por cambiar la realidad social de su gente y que con ahínco se ha ganado representar la voz del pueblo, además de su respeto y cariño. 

“Creo hablar por todos cuando me refiero a la miseria a la que históricamente los gobiernos nos han sumido, caminar por las calles de Santa María es ver de cara cada una de las falencias del Estado”, dice. Y es que la razón es la compañera de sus palabras, calles maltrechas, hechas y mantenidas, con el mayor de los esfuerzos, por ellos mismos. Acá es donde la autogestión cobra vida. 

“Antes, cuando no había minería, vivíamos en una comunidad sólida, caminábamos todos en pro de una sola cosa. En el trabajo, que siempre fue la agricultura, nos uníamos cinco o seis personas para trabajar mi terreno, porque sabíamos que al otro día los mismos seis íbamos a trabajar la tierra del otro. Eso era el intercambio de mano que es el mismo truque. Así fue como a nuestros ancestros los criaron, lo que nos transmitieron y hoy es eso lo que nosotros queremos enseñarle a nuestros hijos”, explica. 

Intercambio de mano, posiblemente sea ésta la expresión más solidaria en medio del egoísmo del presente, expresión que también hace referencia a otras actividades que la cotidianidad demanda. “Siempre en mi casa habrá un plato de comida para aquel que le falte”: palabras que alguien pronunció mientras andaba por alguna de las calles de Santa María que se van haciendo angostas al caminarlas. 

Ante los ojos se exalta la riqueza de esta comunidad, riqueza que la acompaña la pobreza, pobreza no de espíritu, si no de esa que el Estado se ha encargado de repartir a todos por igual. 

Cerca de marzo del 2010 llegó la minería y con ella la maquinaria encargada de rasgar y penetrar la tierra para extraer su oro. “Al llegar la minería llegó también la inseguridad, los atracos, secuestros y asesinatos a manos de la delincuencia común. En tiempos de explotación minera se hace necesario el tema de seguridad, porque bien sabemos que lo que tenemos en nuestros territorios es ausencia de Estado, más bien se han encargado de ignorarnos, esconden cada una de las denuncias que hemos hecho. Hacen como si no existiéramos, como si este pedazo de tierra y la gente que la habita fuera invisible”–, comenta Bertewil cada vez más indignado. 

“Las FARC-EP hizo lo que el gobierno no ha hecho, brindar seguridad. Si ellos no hubieran llegado al territorio, por acá, las muertes, los atracos, los desaparecidos, serían aún más. Sin desconocer, claro está, los muertos y desaparecidos que igual cargamos. Antes de la minería se vivía tranquilo porque no había dinero. Las cosas que teníamos, lo que conseguíamos era por medio del trueque, no se corría riesgo alguno de ser atracado. Además de la seguridad que proporcionaron, también fue la guerrilla quien hizo el acueducto y se lo entregó al pueblo, eso nadie en Santa María lo desconoce, de resto todo lo hemos hecho nosotros mismos, poniendo de nuestros bolsillos, sacando de nuestras casas para mantener las calles limpias, para tener un ambiente sano en el que nuestros hijos crezcan, hasta para tener una educación básica nos toca a nosotros mismos, prácticamente somos autodidactas y pues ni hablar de la salud, eso es (un problema) a nivel nacional”.

Ya después de la negociación de paz en La Habana, las personas en Santa María de Timbiquí exigen la implementación de los acuerdos en el territorio. Los guerrilleros de las FARC ya están ubicados en las zonas veredales. Muchos de los primos, hijas, sobrinos, hermanas de algunos de esta comunidad, salieron ya de sus campamentos y esto hace que se sienta la incertidumbre entre los habitantes, pues la minería sigue y Bertewil, como muchos otros, se pregunta por el fututo que les depara. 

La inseguridad volverá y con ella los atracos y asesinatos. Y ya no hay guerrilla que brinde algo, nunca ha existido Estado que lo haya hecho. Entonces, ¿Quién será el que invente esta vez las leyes, quién será el que imponga el orden y de qué forma? ¿Quién llegará al llamado que hace un Estado inexistente, que deja al pueblo a la suerte de su propia miseria? 

En muchas regiones del país ya se está viviendo el terror del paramilitarismo, que por cierto nunca ha dejado de existir ni acechar. Seguramente, y para la desgracia y tristeza de las almas de Santa María, entrará a reinar algún grupo paramilitar. Y Bertewil, como sus coterráneos seguirán intentando sobrevivir entre sus penas y alegrías: “No hay miedo, lo que hay es pánico. No queremos que nos maten, soy líder social, gestor cultural y eso, desde hace un tiempo para acá, significa cargar con el ataúd encima”. 

Sin desconocer las historias de vida que esconden las cifras de líderes sociales asesinados en Colombia, Bertewil agrega con pasión, con la fuerza que exponen sus palabras: “Daré la lucha para que el bienestar social no sea sólo para las urbes, nuestras comunidades se cansaron de pedir, ahora es cuando nos toca exigir, le demandamos al Estado presencia en nuestros territorios, exigimos igualdad de oportunidades, igualdad de condiciones. Ya dejé de lado el miedo que implica tener una voz medianamente visible en este país, entrego mi vida a la lucha por un cambio, a la búsqueda y a la construcción de un país en paz con justicia social”.

 

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

 

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