El potencial de la verdad en el acuerdo de la Habana

Análisis
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A propósito del Foro sobre la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV) organizado por el CINEP. 02 de agosto de 2017

Por Edwin García*

Compartimos algunas ideas generales suscitadas en ocasión del foro citado. Más que elaboraciones técnicas, reflexionamos aquí sobre aspectos de carácter político, como lo es el potencial que tiene el conocimiento de la verdad en nuestro país.

A manera de introducción es necesario recordar que la CEV hace parte de un sistema integral, que a su vez está inmerso en un acuerdo que en sí mismo constituye una integralidad que consta de seis puntos y más de trecientas páginas. Al mismo tiempo, dicho Acuerdo se da en un momento histórico muy especial, al que llegamos después de más de cincuenta y tres años de conflicto armado y muerte. Este conflicto, que no cesa en todas sus dimensiones con el acuerdo firmado, alcanzó con su componente armado niveles alarmantes e insospechados, porque ninguno de sus iniciadores pensó que se extendería tanto, con costos tan extremos y deshumanización tal.

Poniendo la CEV en proyección, como debe ponerse todo el Acuerdo, notaremos que este es apenas el punto de partida, porque no recoge la totalidad de las aspiraciones que en esta materia tienen las víctimas en Colombia. Seguramente, en un principio el Acuerdo dejará muchos aspectos al margen, pero todo esto debe irse vinculando sobre la marcha, dándole continuidad y desarrollo al mismo.

Al establecerse esta Comisión, el Estado colombiano reconoce que no existe ni se conoce la verdad en Colombia, lo que equivale a decir que el nuestro es un país edificado sobre la mentira. Al decirse que no existe la verdad, nos referimos a que no se ha plasmado ni contado desde las comunidades afectadas. En este caso ocurre un fenómeno similar a la Historia, la cual surge también con la escritura.     

La verdad constituye un arma para la transformación, porque conocer la verdad permite reconstruir nuestra historia y generar identidad de nación y Estado. Conocer la historia nos permitirá proyectar el futuro conscientemente, para no repetir errores. 

Entonces, es acertado decir que el espíritu del Acuerdo y la CEV buscan construir nación y Estado, ubicando las causas y correlatos de lo ocurrido durante el conflicto. A partir de la verdad, debemos reconocernos como nación, como hermanos y hermanas, con las responsabilidades y todo lo demás que nos cabe como familia colombiana, para curar las heridas de un país lacerado y desgarrado.

No obstante, la verdad no será inofensiva. Más bien puede constituir el peor castigo para los responsables, sobre todo aquellos que usurpan el poder desde los inicios de la República, porque puede que no vayan a la cárcel por acción de la CEV, tal como está contemplado en el Acuerdo, pero tampoco irán más como huéspedes al Palacio de Nariño, ni al Palacio Liévano, ni a la alcaldía de Barranquilla, Medellín o Cali, porque el pueblo, conociendo la verdad, la cobrará en las urnas impidiendo a quienes fueron sus victimarios seguir gobernando. Esta es la expectativa y el potencial efectivo de la verdad.

Ahora bien, todo esto es proyectado sobre una base ideal. Puede ser (es una opción) que nada de esto se dé, porque los inquilinos de los niveles superiores y privilegiados del edificio de la mentira, buscan, a como dé lugar, impedir el conocimiento de la verdad. Por eso, habrá que exigir su cumplimiento y el funcionamiento adecuado de la CEV, así como la implementación de lo acordado, como garantía para construir un país diferente, con los cimientos indestructibles de la verdad pura y limpia [1]. Y es responsabilidad primordial del movimiento social, en todas sus vertientes, diversidad y extensión, velar por el cabal cumplimiento de lo pactado. No puede haber en esta labor mezquindad, ni reparos inconsecuentes, porque queda claro que el Acuerdo de Paz representa el capital más importante para las víctimas de toda índole y origen, y un potencial de alcance transformador.  

 

*Integrante de la Junta Patriótica Nacional del Movimiento Político y Social Marcha Patriótica.

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1. “La verdad pura y limpia es el mejor modo de persuadir”. Carta de El Libertador Simón Bolívar al General Rafael Urdaneta, 3 de agosto de 1829.

 

 

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