La Argentina de hoy bajo la receta de profundización neoliberal

Análisis
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Por: Laura Capote*

Al momento de realizar un análisis somero de la coyuntura social y política de Argentina es fundamental tener presente la serie de transformaciones que han venido ocurriendo en el país a partir del ascenso al gobierno de Mauricio Macri en diciembre del 2015, y lo que estas han significado para la vida cotidiana del pueblo argentino.

Es clave entonces realizar la lectura de la Argentina de hoy bajo los lentes de la profundización del modelo neoliberal que se implementó en América Latina y particularmente en Argentina a partir del golpe de Estado cívico militar de 1976 donde fue posible, a través de la implementación del terrorismo de Estado, poner a funcionar la maquinaria neoliberal en beneficio de las multinacionales y el capital privado nacional, reduciendo el papel del Estado en materia de derechos sociales y ampliándolo en materia de represión y persecución política a quienes se oponían a la implantación de éste modelo, que hoy se continúa profundizando de manera acelerada. 

El macrismo, entre cientos de razones, llega al gobierno a partir de la separación discursiva de lo que prometía iba a ser su desempeño de carácter administrativo en la Casa Rosada, en contraposición de las “nocivas prácticas políticas” que habían caracterizado a los gobiernos anteriores de la Argentina, convirtiéndola en “un país plagado de política, militantes y vagos”. Macri enunciaba la política de manera peyorativa, como un elemento de carácter negativo, innecesario, buscando alejarse de ella y construyendo su imagen y la de su partido y alianza Cambiemos como un grupo de personas preparadas académicamente para administrar, de nuevo “sin política”, el Estado. 

Con esta discursividad “antipolítica”, Macri ya en el gobierno pudo responder a cualquier cuestionamiento de carácter político o económico concreto con evasivas, y referencias a que siendo positivos, y teniendo esperanza y paciencia, los “vecinos” de la Argentina iban a sentir pronto los sucesivos cambios que prometió en su campaña y que seguramente jugaron un importante papel a la hora de otorgarle la victoria. Sin embargo, las decisiones políticas de su gobierno de claro corte neoliberal y privatizador fueron desencadenando una serie de conflictos sociales y económicos que a la fecha se configuran como elementos de una crisis política y social por la que atraviesa el país, y que ya no puede justificar con buenas energías y actitud positiva.

En materia económica, Macri a pesar de sus promesas de campaña donde anunciaba una reducción de la inflación y una estabilidad económica que solo quedó en las palabras, generó un ajuste económico que viene azotando al pueblo argentino y que es cada vez mayor y preocupante, con una inflación que al primer año de gobierno aumentaba del 25% al 43%, una desocupación que pasó del 7% al 9,6%, un incremento de los servicios de transporte público del 100% y hasta de un 500% en servicios de uso doméstico como el gas, el agua y la electricidad, y el anuncio de decretos como el 70/2017 que habilita la restricción de ingreso y expulsión de los migrantes considerados sospechosos para la seguridad nacional. 

Más allá de una seguidilla de cifras, es importante entender el correlato que existe entre estas decisiones económicas y políticas (sobre todo), con las principales características del modelo neoliberal en materia económica, donde la reducción del gasto público se realiza de manera amplia, priorizando la inversión en otros sectores de la economía: En lo que lleva de ejercicio el gobierno de Cambiemos se ha reducido la inversión estatal en los planes Progresar, de incentivo al estudio de adolescentes y jóvenes de 904 mil a 558 mil, Conectar Igualdad, de reducción de la brecha de desigualdad digital de 5.3 millones de computadores entregados a estudiantes de escuelas públicas a 94 mil, Argentina sonríe de atención odontológica, fue dado de baja en su totalidad ya que le significaba al Estado una inversión de 223 millones de pesos, la inversión en planes de lucha contra el sida y las enfermedades de transmisión sexual se redujo en 105 millones de pesos, el subsidio a las universidades públicas se redujo un 31.4%, entre muchas otras cifras que dan cuenta del permanente recorte en la inversión pública estatal. 

A partir de esta realidad, los diferentes movimientos sociales y populares de los amplios sectores que caracterizan a la Argentina como un país profundamente politizado desde hace décadas, han salido a la calle con movilizaciones y paros durante los meses de gestión macrista, con el fin de exigir al gobierno dar marcha atrás con los recortes en inversión social, además de denunciar los conflictos particulares que cada uno de los sectores ha atravesado históricamente y que en el contexto del gobierno actual se profundizan de manera notoria. 

Los diferentes sindicatos que agrupan al gremio docente denuncian que los educadores se encuentran en una situación de precarización laboral donde el Ministerio de Educación y particularmente los gobiernos nacional y provinciales se niegan a otorgar el aumento salarial que exigen las y los maestros desde hace más de un año y medio, a causa de la alta inflación y la incapacidad de vivir de manera digna con unos salarios que no se ajustan a las nuevas condiciones económicas, por lo que las Federaciones Nacionales de Docentes Universitarios CONADUH y CONADU anuncian la posible suspensión de clases en las universidades en el segundo semestre del año en curso. 

Sumado a ello, desde el ascenso de Macri a la presidencia, inició una ola de despidos en los sectores públicos y privados que se suman hoy a los más de 1,7 millones de desempleados en la Argentina, dentro de los que se encuentran trabajadores del Estado despedidos por su militancia o afinidades políticas, trabajadores de las más de 6.300 pequeñas y medianas empresas que han cerrado desde entonces, y trabajadores y trabajadoras de empresas multinacionales como Pepsico, cuyos trabajadores se han encontrado al llegar a su lugar de trabajo con letreros en la puerta que anunciaban la prescindencia de sus servicios sin justificación alguna. 

Así mismo, es clave comprender que el funcionamiento del modelo neoliberal no solo se da en el terreno económico, sino también configura un campo de batalla cultural donde se busca naturalizar a través de decisiones aparentemente “antipolíticas”, posturas profundamente políticas de corte conservador. En ello se enmarca por un lado, la captura de la militante indígena Milagro Sala de la Tupac Amaru, que lleva más de 500 días en prisión a pesar de las numerosas denuncias por organismos nacionales e internacionales como la CIDH, Amnistía Internacional e inclusive la Organización de los Estados Americanos OEA, que caracterizan su detención como arbitraria y han exigido su liberación inmediata, a lo que el gobierno ha hecho oídos sordos pero que se condice con la criminalización de los militantes sociales que se encuentran a diario con la violencia policial e institucional en los barrios y las villas más pobres de Argentina, e inclusive en el mismo centro de Capital Federal donde el pasado 28 de junio se dio la orden de reprimir una movilización frente al Ministerio de Desarrollo Social con gases lacrimógenos y balas de goma dejando como saldo decenas de heridos y detenidos.

Por otro lado, uno de los hechos políticos y simbólicos más demostrativos del interés del gobierno de Macri y los sectores económicos y políticos que lo avalan de demeritar cualquier lucha social, fue la decisión política de tres magistrados de la Corte Suprema de Justicia, de otorgar el beneficio 2x1 a los militares genocidas procesados por delitos de lesa humanidad ocurridos durante la dictadura de 1976 a 1983, que garantizaría en resumidas cuentas su libertad inmediata. Vale la pena destacar que el movimiento popular argentino y principalmente las diferentes organizaciones de derechos humanos en la Argentina marcaron un precedente simbólico y jurídico en nuestro continente al exigir juicio y castigo a los militares que con el golpe de Estado detuvieron, torturaron, asesinaron y desaparecieron a más de 30 mil argentinos y argentinas (cifra que el mismo sector político en el gobierno cuestiona y se atreve a reducir a 6 mil), y lograr cárcel para todos ellos con condenas ejemplares en materia penal inclusive para los tribunales internacionales, por lo que el fallo de la Corte ocasionó de inmediato un repudio absoluto de diferentes sectores sociales generando la convocatoria a una multitudinaria marcha a la histórica plaza de mayo que exigía cárcel a los genocidas y la derogación del fallo que los favorecía con el 2x1, y que logró convocar a miles de hombres y mujeres que levantaron los pañuelos blancos utilizados por las Madres de la Plaza de Mayo como un símbolo de memoria y resistencia como respuesta a las decisiones políticas del gobierno de perdón y olvido a los genocidas. 

En octubre próximo se realizarán las primeras elecciones de la era Macri, donde se elegirán 24 senadores y 127 diputados, y sobre todo, se medirá por primera vez el macrismo en urnas desde que está en el gobierno. Se abre un interesante escenario donde se disputará la legitimidad y gobernabilidad de Cambiemos con un pueblo que a partir de la crisis económica y social está dispuesto a levantarse como lo ha hecho históricamente, primero con el “Nunca más” después del fin de la dictadura, y después con el “Que se vayan todos” en el difícil período del 2001 donde enunciaban colectivamente en piquetes y protestas la urgencia de un cambio en el gobierno y la necesidad de la priorización del bienestar de las clases populares por sobre los intereses económicos neoliberales. 

 

*Voz a Vos Comunicaciones (Capítulo Argentina de Marcha Patriótica)

 

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