Transmilenio y las sillas rojas para ellas

Análisis
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Si el Distrito y el Concejo de Bogotá quieren pensar en las mujeres violentadas, el primer paso es escucharlas

Por Lorena Hernández*

El pasado 28 de abril fue aprobada en primer debate en el Concejo de Bogotá la propuesta de Marco Fidel Ramírez sobre el uso preferencial para mujeres de las sillas rojas en horas pico y prioritaria en horas valle en Transmilenio. Esto, acudiendo al argumento de crear acciones de discriminación positiva para que las mujeres no sufran el acoso y manoseo al que se ven expuestas. 

Según la RAE, discriminación positiva se define como la protección de carácter extraordinario que se da a un grupo social históricamente discriminado. Adriana Gómez, una profesora de Sociología de la Universidad del Rosario, dio lo que para mí es la mejor explicación de “discriminación positiva”. Ella decía que era estar en una competencia de pesas mixta y que nos dieran cinco kilos menos, o estar en una carrera de atletismo y darnos un kilómetro de ventaja. Así estamos en igualdad para competir.

Las medidas de discriminación positiva difícilmente funcionan. Por ejemplo, la Ley de Cuotas, porque en su mayoría se basan en justificar los estereotipos que dictaminan que la mujer o lo femenino es menos fuerte y frágil. La igualdad entonces se muestra como “ayuda” para darnos las herramientas con las cuales no nacimos ni tendremos. 

No buscamos equilibrio o contentillo. Queremos derechos, respeto y eso es EQUIDAD. Esta no se consigue con puestos obligatorios para mujeres, con sillas exclusivas o faldas antiviolaciones. Se consigue con un cambio de chip tan radical que implica incluso una nueva constitución política, un nuevo Estado, un nuevo modelo económico y por supuesto una educación verdaderamente igualitaria.

Somos diferentes, por supuesto. Diferentes personas, personalidades, identidades, actitudes y no todas se dan por “ser mujeres”.  No nacemos, nos creamos y así mismo actuamos y desarrollamos nuestras habilidades. Ser violadas y acosadas en Transmilenio es un problema que tiene de fondo la normalización del machismo.  Que se acaba rechazando tajantemente los chistes discriminatorios, dejando de criar princesas indefensas, poniendo a funcionar planes de formación para las y los trabajadores de entidades públicas que nos atienden desde la EPS hasta la Fiscalía, castigando con medidas efectivas a violadores y acosadores, empoderando mujeres para defenderse, etc.

Si el Distrito y el Concejo de Bogotá quieren pensar en las mujeres violentadas el primer paso es escucharlas. Pensar en las mujeres violentadas es no disminuir el presupuesto de las Casas de Igualdad de Oportunidades como lo hizo Enrique Peñalosa, por ejemplo. Finalmente resaltamos una y otra vez: No, no es una propuesta desde el feminismo. Si así fuese, empezaríamos por quitar a Enrique Peñalosa y a Marco Fidel Suarez de sus cargos públicos y ahí sí construir conjuntamente una política radical antiacoso. 

Si registráramos como violencia las cifras de mujeres acosadas sexualmente  en la calle seguramente nos sorprenderíamos, si cada mujer víctima de violencia psicológica denunciara no tendríamos capacidad para atenderlas. Medidas como esta no solo nos discriminan aún más, sino que no solucionan absolutamente nada. La lógica de aprobar esta propuesta de sillas preferenciales nos llevaría entonces a no salir siquiera a la tienda del barrio porque nos piropean, no llevar falda porque nos violan o no buscar trabajo porque nos pagan menos. 

 

*Socióloga e integrante de La Liga de las Mujeres

 

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