Julián Conrado en Bogotá: Una oda a la reconciliación

Análisis
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Un país sin extremistas ni guerreristas hubiera permito que Guillermo Torres siguiera su carrera artística sin refugiarse en la clandestinidad

 

Guillermo Torres, un joven de Turbaco (Bolívar) que decidió ser artista y se consagró como cantautor vallenato, vuelve a los escenarios tras dos décadas de vida guerrillera y luciendo su nombre de combate: Julián Conrado.

 

Hoy sus vecinos y amigos del barrio recuerdan a Guillermo Torres cuando apenas comenzaba a cantar sus primeras canciones. Le cantaba a su tierra, a su madre, al amor y a sus amigos. Quien lo escuchaba le quedaban ganas de pedirle una canción más, que le recordara esos paisajes verdes de la Sierra Nevada de Santa Marta, o las playas de Cartagena, o quizás una tarde soleada a orillas del río Magdalena. 

 

Grabó su primer LP cuando apenas superaba la mayoría de edad. “El nuevo rey sabanero”, acompañando a Mariano Pérez, su compadre, y que se volvió un éxito.  

 

Con gran sensibilidad social, como todo costeño bohemio, decidió hacerle frente a la pobreza, a la desigualdad y a la injusticia. Guillermo decidió, como todo humanista, dar de sí lo que podía por cambiar la desesperanza de los oprimidos en razones para luchar por una Colombia mejor.

 

Levantó su canto por la justicia social, fue perseguido y como tantos otros tuvo que llevar su lucha a la guerrilla. Ingresó al frente 19 de las FARC y allí se cambió el nombre por Julián Conrado, para cantar por la paz con justicia social y la solución política al conflicto. 

 

Es paradójico que sus líricas dedicadas al amor hoy sean motivo de disgusto para la extrema derecha. Que Conrado participe en actividades o conciertos en Bogotá es un acto de pedagogía de paz, de reconciliación y de perdón por los errores derivados de la guerra. Sin duda, la paz que quiere Colombia, incluyendo a los votantes del No en el plebiscito del 2 de octubre pasado, debe ser amplia, incluyente, respetuosa de la diferencia y tolerante con la oposición política. Por ello se debe superar la mezquindad y celebrar los espacios de diálogo y encuentro donde los guerrilleros que antes llevaban fusil hoy llevan una rama de olivo y una flor blanca de paz. O, en el caso de Conrado, una guitarra para cantar y deleitar con su folclor popular.

 

Que Conrado cante donde quiera y que lo escuchen los que a bien tengan el deseo de hacerlo. Eso es democracia y eso es reconciliación. Es, en otras palabras, no repetir la historia porque seguramente un país sin extremistas ni guerreristas hubiera permito que Guillermo Torres siguiera su carrera artística sin refugiarse en la clandestinidad ni en la lucha guerrillera. Un aplauso de pie para quienes permitieron que Conrado cante en Bogotá y hable en la Feria del Libro, sin fusil terciado y de civil. Seguro será una oda a la reconciliación.

 

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

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