La historia de 5 años de una Marcha de origen campesino, afro e indígena

Análisis
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La gestación

El origen de Marcha Patriótica es indudablemente rural. En el 2010, mientras se celebraba el bicentenario de la independencia de Colombia, decenas de miles de campesinos llegaron hasta la ciudad del Florero de Llorente -en una histórica movilización- para recordarle al país que 200 años de independencia de la corona española todavía no representaban la soberanía de la nación. 

Los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos que marchaban en Bogotá, acusaban al modelo económico de agravar las condiciones de vida de las comunidades rurales. No se podía hablar de verdadera independencia mientras el país engrosaba su economía con la firma de Tratados de Libre Comercio desiguales y desfavorables para los campesinos, la concesión de suelos para la explotación minera y de hidrocarburos o la implementación de una agroindustria que, con monocultivos y bajo el paradigma de la “nueva ruralidad”, desconocían y arremetían contra la identidad y cultura campesina, al mismo tiempo que acababan progresivamente con los territorios originarios y ancestrales de comunidades indígenas y afrodescendientes. Hablar de los costos ambientales de este modelo económico nos tomaría otros cinco años.

Aquel pueblo inconforme reconoció la necesidad de sumar esfuerzos de manera organizada, con la diversidad propia de la nación colombiana y con el acumulado que representaban décadas de organización local en todas las regiones del país. En el 2010, en pleno bicentenario de la independencia, campesinos, afrodescendientes e indígenas convocaban al país a pensar un modelo distinto de nación, en el que la soberanía y la vida digna fueran la piedra angular de una segunda independencia. 

El nombre de aquella movilización también sería el que recogiera todas las rebeldías y el sueño conjunto de un nuevo país: Marcha Patriótica era apenas una inquietud organizativa, pero una certeza transformadora. 

En agosto del año 2011, Marcha Patriótica convocó -con el motor de sus organizaciones de base y el acompañamiento de otras organizaciones amigas- al Encuentro Nacional de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes por la tierra y la paz de Colombia “El diálogo es la Ruta”, cuyo objetivo fue demostrarle al gobierno, a las insurgencias, la sociedad colombiana en su conjunto y la comunidad internacional, que el pueblo colombiano estaba cansado del conflicto armado. La exigencia de una salida negociada, en el que la sociedad civil fuera el centro, era tan legítima como ciertos los muertos que indígenas, campesinos y afros habían puesto en la cruenta guerra. Nadie conocía mejor el sufrimiento de la guerra, ni la urgencia de la paz.

“Nos preocupa que pese al reconocimiento formal del conflicto colombiano por parte del gobierno actual y a sus manifestaciones acerca de que la llave de la paz no estaría extraviada, es evidente que la pretensión de la solución militar se encuentra en el primer lugar de la agenda gubernamental y responde a un equivocado concepto de “paz de vencedores y vencidos”. La historia del conflicto colombiano nos muestra que las soluciones militares no conducen a la paz. Por tanto, no podemos continuar atrapados por la perspectiva de un escalamiento de la guerra y de una creciente intervención militar extranjera. No queremos continuar nuestras vidas con la permanente amenaza de las bombas y las balas. Es hora de ponerle fin a la guerra. La solución política se constituye en una necesidad.”  Barrancabermeja, 14 de agosto de 2011, Declaración Política “Manifiesto por la tierra y la Paz El Diálogo es la ruta”  

30.000 personas reunidas en Barrancabermeja legitimaron y refrendaron aquella consigna de que el Diálogo era la única ruta para conseguir terminar el conflicto y alcanzar la Paz. 

El nacimiento 

Dos años de discusiones regionales y encuentros programáticos, desde aquella marcha del bicentenario, convocaron nuevamente a las multitudes hacia la capital colombiana. Esta vez, con el propósito de confirmar que lo que podría haber parecido un brote efímero de inconformidad, había sido en realidad la chispa que había encendido una llama que se extendía más y más por todo el territorio y que ahora cobraba la forma de Movimiento Político y Social.

21, 22 y 23 de abril fueron los días en los que, delegados de todo el país, se dieron cita en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada para pensar su estructura, funcionamiento, discutir lo avanzado en las regiones y darle vida a una propuesta nueva de país. El nacimiento de una estructura con vocación de poder marcaría una nueva etapa para Marcha Patriótica, quien puso como centro la exigencia de la salida negociada al conflicto armado y defendió la cuestión agraria como uno de sus pilares fundamentales.

La primera infancia.

En diciembre de 2012, Marcha Patriótica y sus organizaciones de base participaron en el Foro Política de Desarrollo Agrario Integral (Enfoque Territorial) que tuvo lugar en Bogotá y que fue convocado por las Naciones Unidas y la Universidad Nacional, con el fin de recoger las propuestas de la ciudadanía para el Punto 1 de negociación en la mesa de La Habana, sobre Reforma Rural Integral. Marcha Patriótica llevó al Foro las propuestas más sentidas desde las regiones profundas del país, ratificando su compromiso con la construcción de la Paz y respaldando con ahínco la salida negociada al conflicto armado.

En junio del 2013, la Asociación Campesina del Catatumbo -ASCAMCAT-, integrante de Marcha Patriótica, inició el histórico Paro Nacional Agrario que sacudió el país y que obligó a los habitantes de las ciudades a voltear los ojos hacia la crisis que vivía el campo. 

La fumigación con glifosato, la erradicación forzada de cultivos de coca, marihuana y amapola, los ya mencionados TLC desiguales y desfavorables, el abandono estatal, la crisis humanitaria y de DDHH, el fenómeno del paramilitarismo, entre otras cientos de razones, hicieron que Marcha Patriótica convocara a sumarse a la movilización y que decenas de sus organizaciones de base salieran a las calles y carreteras del país. Las organizaciones de Marcha Patriótica jugaron el que sería uno de los papeles más determinantes del Paro Nacional Agrario, con numerosas movilizaciones en el Magdalena Medio, el suroccidente colombiano, el sur del país, la región central, etc. La presión generada sobre el gobierno, obligó a reconocer la existencia del “Tal Paro Agrario” y a instalar la Mesa Nacional de Interlocución y Acuerdo – MIA como un escenario de interlocución y negociación, directamente con el gobierno nacional.

De manera paralela a este espacio, el gobierno avanzaba en lo que llamó el “Pacto Agrario”; una serie de alianzas y compromisos con los grandes gremios y empresarios, mostrando falsamente al país que la respuesta a los problemas que habían convocado el histórico Paro se solucionaban dando trámite a las necesidades de los gremios y grandes empresarios, desconociendo nuevamente que eran las comunidades organizadas quienes denunciaban el abandono estatal y hacia quienes había que volcar las soluciones. Un nuevo Pacto de Ralito, alcanzaron a denunciar algunos.

En el 2014, Marcha Patriótica hizo parte del surgimiento de la plataforma unitaria más grande y diversa de la historia del movimiento social colombiano y, probablemente, latinoamericano: La Cumbre Nacional Agraria, Campesina, Étnica y Popular. La MIA, como escenario de negociación, volcó sus esfuerzos hacia esta nueva propuesta que recogía, además, sectores indígenas y afrodescendientes de múltiples tendencias políticas pero que coincidían en el sueño de un país para la vida digna; Marcha Patriótica, como movimiento político y social, no se quedó atrás y acudió al llamado del momento histórico que anhelaba a gritos la unidad del movimiento social.

El decreto presidencial 870 de 2014, reconoció a la Cumbre Agraria como representante de las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes e instaló la Mesa Única de Negociación como un espacio permanente de interlocución y acuerdo entre estos y el gobierno nacional. Marcha Patriótica destacó a representantes campesinos, indígenas (CONPI) y afrodescendientes (CONAFRO) para elevar al nivel central las exigencias y necesidades de las múltiples regiones del país.

Aquellos campesinos, indígenas y afrodescendientes que se movilizaban ese 23 de abril, hace cinco años, ocupan el día de hoy importantes lugares de la política nacional. Sus esfuerzos organizativos consiguieron presionar al gobierno nacional e incidir profundamente en la decisión de iniciar los diálogos de paz con las insurgencias, su participación ha sido determinante en escenarios de movilización en defensa de los derechos humanos y la vida digna, la legitimidad conseguida por representar los más profundos sentires de las comunidades rurales los ha posicionado como interlocutores permanentes con el gobierno y como voces de las comunidades más olvidadas por el Estado, más afectadas por el conflicto y, por consiguiente, con quienes la sociedad colombiana tiene la mayor deuda histórica.

Marcha Patriótica es Cambio, es Paz… con origen campesino, indígena y afrodescendiente. 

 

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

 

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