La ciudad disputada en la Colombia del siglo XXI

Análisis
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Diego Carrero Barón [1]. 

La centralidad de la ciudad como escenario de contradicciones en la sociedad capitalista radica en el hecho de que los llamados cascos urbanos se convierten en nodos convergentes del poder económico, político y cultural al tiempo que concentran una gran cantidad de ciudadanos que no solo necesitan sobrevivir, sino desarrollar un proyecto de vida en dignidad, situación que se dificulta por las lógicas de dominación propias del proyecto capitalista.

En este sentido es necesario hacer referencia a la década de 1970 que tiene un significado particular en la historia colombiana, ya que se presenta como un punto de inflexión en términos de la configuración socio-económica del país acompañado por el inconformismo creciente de la población, lo que se evidencia con el flujo creciente de movilización social que tiene su momento más significativo en septiembre de 1977 con el Paro Cívico Nacional (PCN) [2]. La razón por la cual el PCN de 1977 cobra especial significado radica en tres factores: i) Su capacidad para afectar la normal circulación del capital y la producción de mercancías, ii) la posibilidad de articular a importantes sectores de la población a dicha jornada, incluso aquellos no politizados y iii) La centralidad que tuvieron las ciudades como escenario de disputa y confrontación de clases, en un país que a partir del primer lustro de 1960 tenía más del 50% de la población concentrada en los centros urbanos.

No se trata de desconocer el papel que ocupa el mundo rural en la construcción de un proyecto emancipador, y mucho menos en un país como Colombia donde los niveles más significativos de la conciencia social de los sectores subalternos se han expresado en la capacidad organizativa y de movilización de campesinos, indígenas y afrocolombianos, pero si significa reconocer que un proyecto político que se conciba como alternativa y opción de poder debe fraguar un programa y estrategia política teniendo en cuenta el espacio en donde se concentra el capital, la población. 

Al tiempo que se construyen alternativas al modelo extractivista en la Colombia rural, el proyecto contra-hegemónico necesita avanzar en propuestas para los sectores urbanos, que corresponden al 76,5% de habitantes en Colombia y donde se produce el 86% de la riqueza nacional. Convertirse en una alternativa y opción de poder como lo señala Harvey (2012) en el siglo XXI no es posible si no se logra desarrollar un cambio revolucionario en los territorios urbanos. 

Teniendo en cuenta este planteamiento tres serían los aspectos que se deberían considerar desde la lectura de los movimientos sociales en la construcción de una ciudad para el buen vivir en el caso colombiano a la luz del momento actual: a) El Derecho a la ciudad, b) Las apuestas que se vienen construyendo desde el capital y c) La construcción de una territorialidad para la paz y la esperanza. 

A) El Derecho a la ciudad 

El marxismo como proyecto político comprometido con la edificación de una sociedad emancipada se ha preocupado desde sus orígenes, con la obra de Friedrich Engels, por comprender la ciudad en sus diferentes dimensiones en la perspectiva de establecer un marco para la acción política transformadora en el espacio donde, en el proceso de acumulación capitalista, se cataliza la reproducción del capital en el marco de la contradicción capital-trabajo. 

A partir de los textos La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845) y Contribución al problema de la vivienda (1873)  Engels ubica las contradicciones sociales que se presentaran en las urbes y que afectaran negativamente el bienestar de los trabajadores y al conjunto de la población, mientras que un siglo más adelante con la publicación del francés Henri Lefebvre (1969) El Derecho a la Ciudad será posible establecer no solamente un marco conceptual, sino además una propuesta desde el pensamiento crítico para la construcción de nuevas realidades en el llamado mundo urbano. 

Como lo señala Costes (2011) para Lefebvre el desarrollo capitalista conduce al colapso de la ciudad tradicional, imponiéndole una lógica de la ganancia y el eficientísimo destruyendo todas las formas de creatividad y espontaneidad humana atacando la cotidianidad misma, que queda alienada y sellada por la desintegración de la vida social y la destrucción de la vida mental. 

De esta manera la materialización del Derecho a la Ciudad se convierte en una apuesta ética en defensa de la vida y la libertad. David Harvey (2012) con el texto Ciudades Rebeldes, del Derecho a la Ciudad a la Revolución Urbana deja entrever como la posibilidad de construcción de Derecho a la Ciudad es anticapitalista en la medida en que este va en contravía del despojo y apoderamiento de las clases altas y del capital de la ciudad como bien común, planteándose de esta manera la necesidad de destruir las fuerzas de la acumulación del capital y esas élites que construyen una ciudad de acuerdo con sus propios deseos mientras que el resto tiene que acostumbrarse a vivir en ella. 

De esta manera la ruptura con la Ciudad Empresa emerge de la posibilidad de materializar el Derecho a la Ciudad, que no es otra cosa que la posibilidad de construir una ciudad para la materialización de los derechos y la democracia, en contravía de la lógica de mercado. 

B) Las apuestas de ciudad desde el capital: La ciudad Empresa en Colombia 

Colombia, Chile, Perú, Panamá y México, han sido en América Latina la punta de lanza del modelo neoliberal que ha logrado introyectar diferentes esferas de la economía, la política, la ideología y de nuestra cotidianidad. Los escenarios urbanos como espacios naturales en el desarrollo de la sociedad capitalista han sido permeados por esta lógica individualista que se robustece mediante el consumismo, que solo es viable hoy mediante la financiarización. 

Así pues la sociedad que diseña y construye el capital es una que se hace sobre la base de principios como los del libre mercado, individualismo, consumismo y control social sustentado en el miedo y la represión. Es la puesta en marcha de la Ciudad Empresa, que transforma al ciudadano en consumidor haciendo de la democracia un fracaso. 

Mediante diversos instrumentos ejecutivos, legislativos y judiciales, el establishment en Colombia ha diseñado una estrategia para organizar el territorio, y sus ciudades, en función de las élites y el capital. Uno de los elementos más significativos en esta vía ha sido la Política Nacional para consolidar el Sistema de Ciudades en Colombia, idea que se formaliza mediante la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial 1454 de 2011 que establece la ruta para la conformación de la Misión del Sistema de Ciudades en 2012 liderada por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y el documento del Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES) 3819 de octubre de 2014, que lidera también el DNP y que establece el marco para definir lineamientos del proceso de urbanización y del Sistema de Ciudades…..(y  diseña) un marco para la estructuración de competencias para el ordenamiento del territorio, la regionalización y el desempeño efectivo del orden físico que superan los límites municipales. (2014, pág. 5) 

De esta manera el CONPES 3819 traza unos elementos iniciales, que concuerdan con el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del gobierno Santos, de cara a proyectar una mayor conectividad entre las regiones, los municipios,  los procesos campo-ciudad, a través de Ejes, corredores y subsistemas urbano-regionales bajo lineamientos que se han construido desde la ONU (Foro ONU-Hábitat), la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y espera tener financiación a través de empréstitos del Banco Mundial (BM) por lo que su visión esta también consignada. 

Se trata de una estrategia de organización del territorio en función de la globalización financiera en tres vías: 

Establecimiento de una organización del suelo urbano a través de los Planes de Ordenamiento Territorial en favor de la especulación inmobiliaria y un uso del espacio bajo la lógica de plataforma de servicios, ubicando así una vocación productiva para el mundo urbano colombiano la producción terciaria en el marco de la división internacional del trabajo, a través de actividades como el comercio, la hotelería y el turismo, las telecomunicaciones, las finanzas y la prestación de servicios de salud como operaciones quirúrgicas de alta complejidad para consumidores con alta capacidad adquisitiva.

Desarrollo de clústers regionales que articulen la producción de materias primas y bienes agrícolas de zonas rurales (extracción minero-energética fundamentalmente y algunas frutas propias del trópico) con la especulación financiera de los mercados bursátiles propia del mundo urbano, al tiempo que se intenta generar algún tipo de valor agregado para la exportación de productos agrícolas a los mercados metropolitanos.

Construcción de un sistema de comunicaciones terrestre que permita invertir los flujos de la especulación financiera e inmobiliaria, como sucede actualmente con el grupo Luis Carlos Sarmiento Angulo, en vías de última generación que serán administradas por privados en periodos superiores a veinte años permitiendo obtener una fuente permanente de rentas para quienes administren dichas concesiones. Se trata de un esquema en el que al tiempo que se hace más rápido el tránsito de mercancías con el mercado mundial, se favorece capitales ligados a la construcción y captura de rentas públicas y de la ciudadanía en general. 

C) Territorialidad para la paz y la esperanza 

Desde la perspectiva crítica de la sociedad, como lo señala Di Meo (1993) la construcción del territorio, es entendido como como un fragmento espacial donde se fusionan tres tipos de estructuras: a) la infraestructura, como espacio físico que incluye el componente humano y la esfera de las actividades económicas, b) la superestructura representada por los campos político, ideológico, simbólico y cultural y c) la Metaestructura, como relación establecida entre los individuo y el espacio. 

La construcción del Derecho a la Ciudad como se ha planteado hasta el momento implicaría entonces desarrollar una Infraestructura, una Superestructura y una Metaestructura que  permitan el establecimiento de una nueva escala de valores propios de la modernidad postergada en Colombia en el sentido que lo señala Rubén Jaramillo, tales como la igualdad, la fraternidad, la solidaridad, la vida y la ciudadanía como ejercicio de derechos como elemento central en la construcción de la democracia para el ejercicio de una ciudadanía real. 

Los colombianos deben aprovechar la puerta que se abre a inicios del siglo XXI a propósito de la posibilidad de construir la paz y profundizar la democracia mediante la apertura del régimen político. 

Ya casi pasan 40 años luego de ese último escenario de convulsión social que se expresó en el Paro Cívico Nacional de 1977 y que permitió por unas horas recoger y catalizar el inconformismo social de importantes sectores de la población, no obstante luego de ya casi cuatro décadas, son bastantes los límites que como procesos políticos y sociales contra-hegemónicos se tienen para construir una agenda para los trabajadores y habitantes de las urbes, se carece de un programa  alternativo, y las apuestas por construir algo diferente terminan yéndose por los abismos del dogmatismo o la mal llamada pragmática electoral que considera que la unidad consiste en un ejercicio matemático de sumar votos, al tiempo que la ética queda en un segundo plano, mientras que en el caso del accionar contestatario, quizás bien intencionado, se cae en el espontaneismo producto del desespero y lecturas erradas de un mundo que ya no es como el de los setenta del siglo pasado, pero que demanda ejercicios transformadores a partir de las nuevas realidades del mundo del trabajo y la configuración de los territorios en la perspectiva de materializar un orden social nuevo. 

Construir un programa para ordenar el territorio y establecer colectivamente un nuevo conjunto de relaciones sociales que lleven a una organización del espacio que haga viable cimentar una ciudad donde se puedan materializar los sueños como lo señala Harvey es una tarea urgente, la tragedia del pasado 31 de marzo y 1 de abril en la capital de Putumayo, Mocoa, nos llama a planear y vivir el territorio de manera coherente con los ecosistemas, los efectos de una espacialidad impuesta desde el capital nos exige construir una agenda de la vida por encima del mercado, en las próximas semanas ubicaremos algunos elementos claves en esta vía para el caso urbano en el marco de nuevas relaciones entre el campo y la ciudad.

 

Bibliografía 

COSTES, Laurence (2011). Del ‘derecho a la ciudad’ de Henri Lefebvre a la universalidad de la urbanización moderna, Revista Urban NS02. Págs. 89-100.Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Universidad Politécnica de Madrid. 

DI MEO, G. (1993) “Les Territoires de la Localité, Origine et Actualité” Revista L’espace Géographique 22-4, 306-317. 15 de mayo de 2009. 

Congreso de la República de Colombia (2011). Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial 1454. Recuperado el 20 de marzo de 2017 en sitio web: http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=43210 

Consejo Nacional De Política Económica Y Social (2014), Documento CONPES 3819. Departamento Nacional de Planeación.Recuperado el 20 de mayo de 2016 en sitio web:https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Conpes/Econ%C3%B3micos/3819.pdf 

ENGELS, Friedrich (1845). La situación de la classe obrera en Inglaterra. Recuperado el 20 de mayo de 2016 en sitio web: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/ 

ENGELS, Friedrich (1873). El problema de la vivienda y las grandes ciudades. Recuperado el 20 de mayo de 2016 en sitio web: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/vivienda/1.htm 

HARVEY, David (2012). Ciudades Rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana Akal, Madrid, 240 p. 

LEFEBVRE, H. (1969). El derecho a la cuidad. Barcelona, España: Ediciones Península. 

SILVA, C. & GONZÁLEZ, P. (2009). Un análisis espacial de las migraciones internas en Colombia (2000-2005). En: Revista de la Facultad de Ciencias Económica. XVII (1), págs. 123-144, Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá.

 

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[1] Economista, Magister en Estudios Políticos, investigador del Centro de Estudios Territorio y Ciudad, y catedrático universitario. Actualmente es responsable de la Comisión Nacional de Investigación de @marchapatriotica. @diegocarrerob 

[2] Podemos aseverar que este es el escenario culmen de la movilización popular  en los años setenta y el hecho de esta naturaleza solo superado por la explosión social que se desencadena tras el asesinato de Gaitán en 1948 en el siglo XX.

 

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