Turismo extractivo o turismo responsable, un reto para la paz

Análisis
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Tras la firma del Acuerdo Definitivo de Paz entre las FARC-EP y el Estado colombiano, el país comienza a experimentar los cambios y beneficios de vivir sin la guerra. En uno de los campos en que se hace más notorio este viraje es en el turismo, el cual crece y crece, atrayendo la visita de cada vez más viajeros hacia el país. La cifra en bruto del Ministerio de Comercio lo dice todo: mientras en 2007 al país lo visitaron 2,5 millones de turistas, el año pasado fueron más de 5,1 millones. El turismo anda en bonanza y usufructúa la paz.

Antes las regiones posicionadas para el turismo eran las playas del Caribe pero en los último 20 años se han venido desarrollando como destinos tanto el eje cafetero como Boyacá y hoy regiones de Santander comienzan a vender con éxito el turismo de aventura. Sin embargo este sector en Colombia está crudo. Si 5 millones de visitantes en 2016 fue un record, pensemos en México donde se alcanzan más de 30 millones anuales o los países europeos donde se llega a los 80 millones. El potencial turístico de Colombia es alto, el país cuenta con paisajes maravillosos, regiones aptas para el turismo de aventura, el turismo ecológico, la experiencia de la vida campesina o turismo rural, entre otros. Para que no hagamos una idea, solamente el turismo de observación de aves de gran potencial económico en Colombia, mueve 40 millones de dólares al año en Estados Unidos. 

En un país en paz, incluyendo al ELN y con las bandas criminales o neoparamilitares doblegadas, no es descabellado pensar que Colombia podría llegar a los 15 o 20 millones de turistas hacia el 2030. De ser así, se cuadruplicarían los ingresos que el turismo genera al país y todo esto sin contar los turistas internos, aquellos colombianos que querrán descubrir las maravillas de un país hasta ahora desconocido por los riesgos de la guerra. A este punto surgen dos preguntas clave: ¿para quién será la riqueza que producirá el auge del turismo en Colombia? ¿Cómo evitar que esta industria deprede el medio ambiente?

Este debate no sólo se presenta en Colombia, es mundial, hablamos del turismo extractivo vs el turismo responsable. El primero es impuesto por los grandes capitales que en esencia buscan maximizar sus utilidades por lo que generan empleo de mala calidad o tercerizado, no incluyen a las comunidades locales y aunque se muestran como amigos de el medio ambiente, cuando nadie los ve no dudan en desviar un río, deforestar una selva o desplazar una comunidad. De eso en Colombia ya hemos visto mucho. 

El otro modelo de turismo, es conocido como el responsable o justo. Son iniciativas que pueden incluir capital privado, público o mixto pero que tiene como fin generar lucro pero incluyendo a las comunidades locales, prioriza la preservación del medio ambiente sobre los dividendos y parte de sus utilidades se quedan en el bienestar social de la comunidad y en el cuidado de los ecosistemas. Lo curioso es que este turismo responsable tiende a ser muy rentable, cada vez son más los turistas que quieren visitar lugares sin dañarlos y sabiendo que lo que gastan servirá para ayudar a las personas que los acogen o para cuidar el medio ambiente. Según estudios mencionados en la Revista Semana un turista convencional gasta en promedio entre 80 y 200 dólares al día mientras que el turista responsable entre 100 y 400 dólares.

 

De todas maneras no todo es celebración en el apogeo del turismo en Colombia. Si bien la oferta de servicios turísticos y de hostelería produjo 5,2 millones de dólares y generó 1,8 millones de empleos sólo durante el año pasado, también desató fuertes críticas y tensiones entre empresarios, comunidades locales y ambientalistas, pues el turismo funciona como un enclave económico que si bien mueve la economía local y regional, no siempre genera desarrollo real en las regiones, el empleo suele ser tercerizado, puede depredar los ecosistemas y destruir las tradiciones socio-culturales de las comunidades nativas – Un ejemplo de ello fue el famoso pleito de Bezudo con los indígenas de la sierra nevada de Santa Marta ante el proyecto de construcción de un hotel dentro del parque Tayrona. 

Lo cierto es que Colombia se irá convirtiendo en un nuevo destino para muchos viajeros en el mundo que se animan a conocer Macondo luego de 52 años de guerra y soledad. Las claves para superar los conflictos que desate el turismo podrían estar con un enfoque innovador sobre este sector de la economía. Es hora de proponer un turismo ecológicamente sostenible, socialmente incluyente y decididamente direccionado al empoderamiento local. Algunas herramientas jurídicas como las consultas previas y la defensa irrestricta de jurisdicciones especiales, como la de Parque Naturales, Reservas Campesinas, Resguardos Indígenas y Territorios Afro, pueden ser la clave. La pregunta que nos debemos hacer ahora es, ¿El país optará por el turismo extractivo o el turismo responsable? ¿Por qué no pensar desde ya en una nueva política pública que le de al turismo una función social donde las utilidades del capital estén supeditadas al bienestar de las comunidades, a la preservación del medio ambiente y de las culturas locales?

 

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

 

 

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