Dejar de ser guerrillera y continuar siendo mujer

Análisis
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Por @zacarmenza

Mucho se ha dicho de la situación de las mujeres al interior de las filas de las Farc. Desde afuera, citadinos, intelectuales, políticos y líderes de opinión han intentado imaginar qué es ser mujer guerrillera; se ha especulado sobre su situación sexual, reproductiva y política, se han denunciado abusos con la misma intensidad con la que se han defendido historias de liberación. Mucho se ha dicho de ellas y poco se les ha dejado decir.

Ayer, ocho de marzo y día Internacional de los Derechos de las Mujeres, Victoria Sandino se convirtió en la primera mujer guerrillera que habló ante el Congreso del país latinoamericano con menos representatividad de mujeres en la política. Según ONU Mujer, en Colombia solo el 11% de los cargos de elección popular y apenas el 21% de las curules en el Congreso son ocupados por una mujer. La intervención de Sandino es un hecho histórico.

Sin embargo, pese a que Victoria Sandino ha sido una de las caras visibles de la delegación de las Farc en La Habana, todavía hay una inmensa cantidad de mujeres que han integrado las filas de las Farc de las que nunca sabremos ni siquiera el nombre. Esas que representan en un solo cuerpo la suma de diferentes desigualdades y opresiones: son mujeres, campesinas, afrodescendientes o indígenas, son víctimas del conflicto y, en su mayoría, son mujeres que cuentan con bajos niveles de escolaridad, así en la guerrilla hayan aprendido a leer, escribir y reflexionar con mayor profundidad que muchos de los que tienen el privilegio de pisar las aulas.

Ahora que las filas de las Farc-ep se concentran en las Zonas Veredales de Transición y Normalización ZVTN, iniciando su proceso de reincorporación a la vida civil, las mujeres guerrilleras enfrentan el reto de incrustarse en una sociedad en la que el principal argumento para votar el “No” a la Paz fue el enfoque de género, enfoque que garantizaría que la implementación del Acuerdo de Paz llegara de manera efectiva a mujeres víctimas del conflicto y comunidades LBTGI, históricamente desconocidas en la política pública colombiana.

Al preguntar a diferentes mujeres guerrilleras al respecto de lo que imaginan que será su vida cuando hagan el tránsito hacia la vida civil, todas hacen referencia a lo que les enseñó estar en las filas guerrilleras.

 “Aquí no importa si usted es hombre o mujer, tiene que trabajar y estudiar por igual. A veces le toca cocinar, pero también puede que le toque hacer guardia. ¿Si ve esos palos que están ahí? - dice Lizeth, de la ZVTN de Icononzo, señalando unas cintas de madera de por lo menos 7 metros- los trajimos desde Caquetá cuando supimos que el gobierno no tenía nada listo para nuestra llegada.

 Todos tuvimos que bajarlos del camión y traerlos hasta aquí para construir los ranchos… No importa si usted es guerrillero o guerrillera, si quiere tener dónde dormir, pues tiene que trabajar” 

Las mujeres de las Farc, para las que el trabajo no es una actividad remunerada sino de supervivencia colectiva y dignidad, se encontrarán en la vida civil con una cifra de desempleo femenino cercana al 50%, aunque el porcentaje es mucho mayor para las mujeres que no cuentan con estudios técnicos o universitarios. 

Sobre la planificación sexual, Nelsy del Frente Décimo y que hoy se encuentra en la ZVTN de Filipinas- Arauca, asegura que es política de las Farc: Todas las guerrilleras debían planificar para no quedar en embarazo. Es un principio que, según ella, nadie cuestiona porque al haber vivido la guerra en carne propia saben que no es un escenario que ofrezca condiciones de vida óptimas para un bebé o para su madre.

Al respecto, la ONU Mujer señala que en Colombia cada año mueren 500 mujeres a causa del embarazo o el parto. Si bien estas cifras no incluyen a las mujeres combatientes de las Farc, sí muestran el panorama de las maternas en la vida civil, escenario al que ingresarán las guerrilleras en menos de seis meses.

 “Hay miles de niños que son analfabetas, que no conocen o no han tenido la oportunidad de ir a una escuela, mucho menos a un colegio o a una universidad. Si eso es en la civil ¿se imagina acá en la guerrilla?, nosotros buscamos que eso cambie. Yo como mujer pienso que después de que eso cambie, tal vez de pronto me daría la oportunidad [de ser mamá] pero, en este momento, sin que existan esos cambios, la verdad no. Yo como mujer pienso que no es tan breve, hay mucho que hacer todavía”, asegura Nelsy. 

Lo cierto es que el escenario para las mujeres guerrilleras es de total incertidumbre pues, si bien las Farc tienen sus orígenes y bases en comunidades campesinas -culturalmente machistas- el trabajo colectivo y la organización han servido para intentar establecer roles y funciones equitativas entre hombres y mujeres.  Así es que, la sociedad, más que discutir al respecto de lo que significará la reincorporación de las guerrilleras a la vida civil, tiene el gran reto de preguntarse si acaso tiene condiciones dignas para recibir a las que llegan. 

Sin el miedo de la guerra, los combates o los bombardeos, ninguna mujer ex combatiente tendría que temer por lo que significa ser mujer en la vida civil colombiana.

 

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