Palacio de Justicia, una herida que sigue abierta

Análisis
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Tres décadas después del holocausto del Palacio de Justicia, se sigue buscando la verdad de los hechos

El 6 y 7 de noviembre de 1985 ocurrió uno de los episodios más trágicos de la historia colombiana contemporánea. Lo que inició como una de las tradicionales acciones urbanas de la guerrilla del M-19 terminó como una tragedia calificada de “holocausto” por cuenta de la desproporcionada reacción de las Fuerzas Militares.

Un comando guerrillero tomó por asalto el Palacio de Justicia en lo que llamó la “Operación Antonio Nariño por los Derechos del Hombre”, que buscaba enjuiciar al gobierno de Belisario Betancur por su supuesta “traición” al proceso de paz.

La retoma de la sede oficial por parte de las Fuerzas Militares terminó con un saldo trágico de más de 40 civiles muertos (incluidos 12 magistrados) y 12 desaparecidos (los trabajadores de la cafetería).

El clamor de “cese el fuego” del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, no fue atendido por el gobierno. Los militares emprendieron la recuperación a sangre y fuego y el palacio terminó envuelto en llamas.

Algunos de los civiles que resultaron muertos o desaparecidos figuran saliendo con vida del Palacio en videos de los hechos, por lo que se cuestionó el manejo que las autoridades le dieron a la toma y a los sobrevivientes.

El presidente Belisario dijo que la verdad de lo ocurrido la tiene escrita bajo llave y con el mandato de que sólo se revele después de su muerte. En la víspera del aniversario treinta de los hechos afirmó que “si cometí algún error, pido perdón”.

Sin embargo, su postura siempre ha sido cuestionada por no contarle al país esa verdad y por no haberse puesto al frente de los hechos. Es “vox populi” que los militares no se lo permitieron y se considera que hubo un vacío de poder y un golpe de estado de facto.

Varios años después, la lucha de los familiares de los desaparecidos empezó a dar sus frutos. Algunos cuerpos fueron hallados e identificados en una fosa común en un cementerio del sur de Bogotá.

Y altos mandos militares de la época fueron procesados por la justicia por su responsabilidad en los hechos, como el general Jesús Arias Cabrales y el coronel Luis Alfonso Plazas Vega.

Piezas del rompecabezas

También se ha dicho que los planes de la toma habían sido conocidos previamente por los organismos de seguridad, y pese a ello, la guardia del palacio fue retirada el día de la misma.

Otros rastros de los hechos señalan que los sobrevivientes de la toma habrían sido víctimas de la represión militar porque el mandato fue que ningún guerrillero se escapara “disfrazado” de civil.

Durante la retoma, también se señaló el papel que jugó la entonces ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, quien ordenó transmitir un partido de fútbol para desviar la atención. Algunos medios señalan incluso que fueron víctimas de censura oficial, al ordenarse la suspensión de la transmisión de los hechos.

El origen del incendio también es otro de los enigmas, y algunas versiones desvirtúan la acción del M-19 con el argumento de que la toma fue financiada por los narcotraficantes con el fin de destruir sus expedientes.

Tres décadas después, aún se sigue en la búsqueda de los restos de la mayoría de los desaparecidos de la cafetería y en el establecimiento de la verdad de lo ocurrido.

Algunas sentencias de la justicia nacional e internacional han condenado al Estado colombiano por los hechos, pero aún sigue habiendo incertidumbre de lo que acontecido durante la retoma del Palacio y con los desaparecidos.

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

 

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