El potencial de los acuerdos en la perspectiva política

Paz
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Por: Edwin García Maldonado * 

Son más que justificadas las preocupaciones por el incumplimiento del Estado respecto al Acuerdo de Paz, y es necesario hacer de la exigencia de la implementación una reclamación insistente. La oligarquía no regala nada, aunque medie un acuerdo y su palabra empeñada.

No obstante, las complejidades del proceso de implementación no deben hacernos perder de vista la importancia de la senda emprendida por las FARC. El Acuerdo de Paz es el paso de carácter estratégico más importante que se ha dado en Colombia y, por lo tanto, es necesario ponerlo en perspectiva. Este desarrollará su verdadero potencial en lo venidero, y las mieles de su fuerza transformadora la recogerán las generaciones futuras por las cuales se selló el pacto de La Habana.

Las posibilidades que abrió y seguirá abriendo el Acuerdo, son muchas y de profundo calado. Por ejemplo, antes era sumamente difícil ver a uno de los comandantes insurgentes exponer el proyecto político que representa a través de los medios masivos de comunicación, que son los que ven y escuchan la mayoría de colombianos.

El escenario del Congreso de la Republica ha tenido la presencia de integrantes de las FARC; ferias y festivales culturales de diversa índole, de carácter nacional y local, han contado con la participación de expositores, ponentes, pintoras, cantantes y poetas de la insurgencia en tránsito a la legalidad. Universidades, plazas públicas y auditorios por doquier, han sido y siguen siendo escenarios para escucharlos. 

En medio de la confrontación armada eran inimaginables estas posibilidades, el ejercicio de comunicar y relacionarse se tornaba sumamente difícil. Llegar al casco urbano de algún municipio le costaba a las FARC un complejo despliegue de fuerzas y logística, cuantiosos recursos económicos y numerosas vidas tanto de sus integrantes como del enemigo que enfrentaban. Vidas del pueblo humilde que, usando diferentes brazaletes, caían en la disputa fratricida. Vidas que poco interesan a la oligarquía, para la cual solo son cifras y hombres a reemplazar.

Los revolucionarios sí valoramos la vida, sin duda, esa es una de las razones que motivó la decisión de las FARC de ponerle fin al conflicto armado. Es un acto de responsabilidad con su tropa, con los muchachos y muchachas que están dispuestos a ofrendar su vida por quien los conduce. Buena decisión de sus mandos la de conducirlos por la vía de la solución política dialogada y la reconciliación. Es un acto de responsabilidad con el país.

Toda esta nueva disposición del escenario político nacional permitirá el surgimiento de una nueva generación de militantes que no se reunirán en el último rincón de un café a hablar a baja voz y sospechar de todo. Una nueva generación de revolucionarios que supere el ensimismamiento a que nos obligaba la guerra, que le hable al país y sienta la necesidad de relacionarse, de transmitir, de comunicar, sin el lastre de la clandestinidad sobre sus hombros, muchas veces convertido en clandestinaje.

Para relacionarse y comunicar, esa generación tendrá que recurrir a referentes históricos propios que sean reconocidos por las mayorías nacionales. Referentes cuyas categorías de pensamiento sean aprehensibles para los contingentes de pueblo con los cuales debe establecerse la conexión.

Este es un potencial importante del Acuerdo, porque esta generación, superada la necesidad de esconderse, tendrá como prioridad comunicar, lo que va a implicar un cambio necesario de estética, como desarrollo natural de la nueva lógica que debe imperar en un país en paz.

Con militantes políticos comunicadores y una nueva estética basada en esta necesidad de relacionarse, será más factible que el proyecto revolucionario, fiel a los principios de siempre, logre atraer a las masas agolpadas en los suburbios citadinos, para convertirse en una verdadera alternativa de poder.

En este momento la labor es seguir abriendo camino a ese nuevo tipo de militantes mejorados, sin perder de vista la perspectiva y potencial político de la solución dialogada del conflicto. No desesperar ni desfallecer, porque la construcción de la democracia y la paz pasan también por la senda de los sacrificios y la perseverancia propia del espíritu luchador de los revolucionarios.

 

*INTEGRANTE DE LA JUNTA PATRIÓTICA NACIONAL DE MARCHA PATRIÓTICA

 

 

 

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