La izquierda debe concretar la unidad sin exclusiones. Esa es la verdadera izquierda del posacuerdo.

Tras el derrumbe del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, a varios ideólogos de la derecha se les metió en la cabeza que ello significaba el fin de la izquierda, del comunismo y de la historia. Algunos teóricos de la izquierda, en posición defensiva, argumentaron que surgía la “nueva izquierda”, en ruptura con la “ortodoxia soviética” y, por ende, con los partidos comunistas que la representaban.

Plinio Apuleyo Mendoza escribió, el viernes 18 de diciembre del presente año, una columna de opinión en EL TIEMPO, titulada: ‘El coronel Plazas Vega ¡Al fin libre!’. La decisión de la Corte Suprema de Justicia –Sala Penal– fue calificada de absurda por los familiares de los desaparecidos en el Palacio de Justicia, porque continúan en la impunidad los delitos cometidos por los militares en la brutal retoma de la sede de las altas cortes hace 30 años, cuando un comando del M-19 se la tomó de forma fácil porque la Fuerza Pública había sido retirada por orden superior.

Tomo prestado el título de esta columna del colaborador Sergio de Zubiría Samper, quien en la edición del 12 de agosto próximo pasado, fue víctima de las travesuras del diablillo de las imprentas, que existe todavía a pesar de los tiempos de la cibernética y del internet. Su columna, así titulada en el original, fue cambiada y en el proceso de edición pasó a ser Justicia social de paz. Por supuesto la diferencia entre los dos títulos es de fondo como lo demuestra el debate que está abierto, porque los partidos del establecimiento dominante se niegan a una justicia restaurativa sino selectiva y discriminatoria en el afán de venganza que tienen contra las FARC-EP, al tiempo que desconocen que el bien supremo de la paz está por encima de todo lo demás.

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