Lastimosamente los colombianos nos negamos a mirarnos al espejo como país. Si lo hiciéramos, nos daríamos cuenta de que a pesar de múltiples intentos por invisibilizar la existencia de una Colombia rural, la verdad pura y dura es que uno de cada cuatro colombianos viven en el campo.

Sin embargo muchos de los fenómenos que explican lo que hoy somos como sociedad están ligados directamente al campo.

Tomo prestado el título de esta columna del colaborador Sergio de Zubiría Samper, quien en la edición del 12 de agosto próximo pasado, fue víctima de las travesuras del diablillo de las imprentas, que existe todavía a pesar de los tiempos de la cibernética y del internet. Su columna, así titulada en el original, fue cambiada y en el proceso de edición pasó a ser Justicia social de paz. Por supuesto la diferencia entre los dos títulos es de fondo como lo demuestra el debate que está abierto, porque los partidos del establecimiento dominante se niegan a una justicia restaurativa sino selectiva y discriminatoria en el afán de venganza que tienen contra las FARC-EP, al tiempo que desconocen que el bien supremo de la paz está por encima de todo lo demás.