La paz cachaca

Blogger Andrés Camacho
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Colombia se encuentra ad portas de un hecho sin precedentes, la superación de la guerra.

Tenemos por una parte la mesa de conversaciones de la Habana entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC-EP y el gobierno Colombiano, en dicha mesa los acuerdos hasta el momento alcanzados representan el más grande avance en la historia de las negociaciones con dicha guerrilla y aunque se sabe que nada está acordado hasta que todo este acordado los pasos cada vez más decididos rumbo a la paz llevan a pensar la inminente firma de un acuerdo final.

Por otra parte tenemos el anuncio del inicio de la fase pública de conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional ELN, hecho que hasta el momento no se ha dado y que es necesario exigir al gobierno lo más pronto posible. Es evidente que estas dos mesas van a destiempo, pero de lograrse un acuerdo final con las FARC EP e iniciar el proceso de dialogo con el ELN estamos ante la posibilidad concreta de alcanzar una paz completa, por supuesto la paz también es un concepto en disputa pero la ausencia de la guerra nos abre un mar de posibilidades para conquistar la paz que queremos en el país que merecemos. Este panorama sin lugar a dudas está cargado de un sin número de retos y responsabilidades y entre ellas me pregunto ¿Cómo será esa Paz en Bogotá, como es esa Paz cachaca?

Pues bien en primer lugar creo que salir de la guerra nos va a permitir evidenciar eso que siempre quisieron negar, los tremendos impactos de la guerra sobre la ciudad y que de fondo han delineado el crecimiento y la construcción de nuestras ciudades, fundamentalmente a través las explosiones demográficas, o dicho de mejor manera la tragedia del desplazamiento producto del recrudecimiento del conflicto en el país, lo cual explica, por ejemplo como entre el 40 y el 50, luego entre los 80, 90 y 2000 nuestras ciudades duplicaron o triplicaron su número de habitantes, la mayoría, campesinos desplazados huyendo de la violencia; en nuestros hogares se cuentan historias del padre o el abuelo que llego por primera vez a Bogotá, esa es la historia de aquellos  desplazados que se convertirían en los constructores de los grandes centros urbanos de nuestro país entre ellos Bogotá.

Entonces si la guerra se va a acabar lo que uno esperaría es el final del desplazamiento y con ello el fin del crecimiento exponencial de la ciudad, además si alcanzamos la paz indudablemente es porque la reforma agraria integral se va a dar, es decir que el campo se tiene que reactivar, así que imagino a cientos de campesinos volviendo a su hogar, imagino un campo pujante y próspero capaz de garantizar vida digna. 

Sin embargo para que la Paz sea realmente justa habrá mucho que hacer en la ciudad, para empezar no puede haber una Reforma Rural Integral (RRI) sin una Reforma Urbana Integral (RUI), tenemos que trabajar en el fortalecimiento de la relación campo ciudad, en los circuitos productivos, en los mecanismos de comercialización, en infraestructura, en un sistema de precios justo, en garantizar abastecimiento a la ciudad y garantías para los campesinos y productores, tenemos que lograr invertir la proporción de importaciones y exportaciones de alimentos. Entonces la relación económica entre el campo y la ciudad es determinante para que la paz sea real, lo cual empieza por fortalecer la ruralidad de Bogotá, a propósito tan golpeada en el PDD aprobado en el Concejo de Bogotá; además una RUI debe garantizar la superación del modelo de ciudad excluyente, la superación de esa ciudad en la que aún hoy desplazados, migrantes de otras regiones  y habitantes de la periferia son ciudadanos de tercera, desposeídos de sus derechos, una RUI pasa por la planeación de una ciudad con vivienda digna, transporte digno, trabajo, educación, salud y servicios públicos garantizados, así que la paz en Bogotá está aún por conquistar y ahora mucho más con Peñalosa como alcalde.

Pensar en esa paz cachaca implica también el reto de una reforma política, del alcance de nuevos y mejores mecanismos de participación, de conquistar escenarios decisorios para definir los destinos de Bogotá, pensar en cómo aplicar  los acuerdos que se desprendan del segundo punto de la Habana: Participación Política. Bogotá requiere una cirugía política para extirpar la politiquería de las Juntas de Acción Comunal, para superar ese modelo caudillista de Ediles y Concejales que son dueños de barrios y negocios que después salen a vender el patrimonio público de la ciudad, una RUI implica también una reforma política, administrativa y de ordenamiento territorial en la ciudad, que se acaben los consejos de aconsejar y que por ejemplo se implementen mecanismos de participación diferencial en la ciudad, curules afro, campesinas, indígenas en el concejo de Bogotá, que se garanticen los mecanismos de control social y porque no proyectos de inversión con enfoque territorial en Bogotá. Es obvio que todo ello está por desarrollar y que los acuerdos, sea de la Habana o Quito Ecuador no van a alcanzar hasta allá, entonces la paz cachaca va a implicar mucha más creatividad, la paz en Bogotá tiene un claro enemigo que es el alcalde de la ciudad, por ello la paz en Bogotá va necesitar movilización, la paz cachaca pasa por frenar a Peñalosa y porque no lograrlo revocar.

 

 

@andrescamachomp


Máster en Energías Renovables, Ingeniero y Licenciado en Física. Fue Secretario General de la Federación de Estudiantes Universitarios -FEU- y es vocero de la Marcha Patriótica Bogotá.