Los escollos de la paz: ¿ni estable ni duradera?

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El gobierno no está mandando señales reales de compromiso con el acuerdo de paz

Por Aidén Salgado Cassiani*

La Corte Constitucional le colocó no un palo sino una varilla a la implementación de los acuerdos de La Habana con la fatal decisión de permitir realizarles cambios sustanciales a las leyes que materializaran los acuerdos, y que permiten la discusión y voto artículo por artículo. Otra decisión no menos importante fue dejar sin sustento la ampliación de la planta de personal de la Unidad Nacional de Protección (UNP), prohibiendo la vinculación de excombatientes de la guerrilla se vinculen a la entidad con el fin de brindarle seguridad a los miembros del nuevo partido que conformen la FARC.

¿Y esto por qué sucede? A mi parecer, y como lo dije hace unos años, por la forma como las partes llevaron la negociación. Una negociación que arrojó un acuerdo del gobierno y las FARC. Allí está el principal y neurálgico problema del asunto: se ha entendido y manejado como un problema de los dos, cuando debió ser convertido en un acuerdo de Estado, lo que implica que involucra a todos los poderes políticos del Estado con sus instituciones que tienen responsabilidad política.

Es decir que por la mesa de negociación debieron pasar miembros del ejecutivo, como sucedió, pero también de las altas cortes, los órganos de control, la Procuraduría, la Defensoría, la Contraloría, los órganos descentralizados como las universidades, el Banco de la República, los partidos políticos, y todos los que tendrían algo que decir en la implementación. Sabemos que al innombrable se le hizo la invitación.

Si bien es difícil por la cantidad de gente, se pudo buscar una metodología para hacerlo, y este ejercicio no le quitaba al presidente su responsabilidad constitucional en la firma del acuerdo y la negociación de paz.

Hoy lo que sucedió con la corte responde a la forma como el gobierno ha venido cumpliendo los acuerdos desde el mismo momento en que se firmaron. Nunca el gobierno puso el poder que tiene en función de los acuerdos, por eso se perdió el plebiscito. Si en su momento tuvieran los ministros, gobernadores y alcaldes, así como a todos los partidos de la Unidad Nacional, a hacer pedagogía de paz y buscar votos como lo hacen cuando hay elecciones regulares, el resultado del plebiscito hubiera sido otro. 

Otro ejemplo del incumplimiento ha sido el acondicionamiento de los lugares donde se ubicarían los guerrilleros. Es una falta de respeto que el gobierno le haya quedado grande hacer unas casas, cocinas y baños en un proceso de paz. Eso le quita seriedad al proceso. El tercer ejemplo para argumentar mi tesis de la falta de compromiso del gobierno es la lentitud con que se discute el famoso “fast track”, pues en seis meses se han aprobado tan solo siete leyes.

Con esos ejemplos, el gobierno no está mandando señales reales de compromiso al resto de poderes del Estado ni a la sociedad colombiana. Más bien está dando las pautas para que el resto de instituciones y la sociedad colombiana no tomen los acuerdos con la seriedad que amerita parar una guerra de 52 años. 

Señor presidente: las debilidades siguen de presente en la implementación para alcanzar una paz estable y duradera y generar un acuerdo de esperanza.

Si en la comunidad negra colocamos una demanda a las leyes que se discuten en el Congreso por falta de consulta previa, cualquier tribunal de estos conservadores puede dejar sin efecto los acuerdos -por no surtir ese derecho fundamental de la consulta para las comunidades étnicas-. Es solo un ejemplo muy factible de ocurrir.

A mi parecer, hoy se puede enderezar el rumbo de la implementación y es a través de un acuerdo nacional que involucre al resto de las instituciones del Estado, a las fuerzas vivas de la sociedad colombiana. No sólo a los inconformes y a la banda del innombrable, sino a la sociedad en su conjunto. La paz es un bien no de un sector en particular sino de toda la sociedad colombiana. La paz es el derecho supremo, es la vida, lo más importante, y los que no estén de acuerdo que sigan con la guerra, pero no con cuerpos ajenos, pues hoy quedan guerra y delincuentes por combatir.

Señor presidente Juan Manuel Santos Calderón: asuma la implementación de los acuerdos para alcanzar la paz de los colombianos como un asunto de Estado más allá de gobierno.

 

Desde Palenque de San Basilio, un cimarrón todavía.

*Palenquero, miembro de Conafro y del Ceuna. Kombilesa. Cenpaz, activista. Correo electrónico: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it..

 

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