Venezuela y Brasil: las paradojas de la vida

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Los dobles raseros de la prensa y los organismos internacionales frente a la realidad política en Brasil y Venezuela

Por Aidén Salgado Cassiani*        

El miércoles 24 de agosto se terminó de consumar el golpe de estado en Brasil con la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, quien había sido suspendida el 12 de mayo por el juicio político conocido como “impeachment” por, en términos populares, maquillar unas cuentas. Fue un hecho sin precedentes en la historia republicana, no sólo de Brasil sino también de las Américas, similar a lo sucedido en Paraguay con el presidente Fernando Lugo. Ante estos hechos, los medios de comunicación de Colombia se quedaron con una especie de autocensura, presentando la noticia como algo simple y sin análisis de fondo.

Por otro lado, a finales del mes pasado en la República Bolivariana de Venezuela se empezaron a realizar acciones de movilización que pueden fácilmente terminar con un golpe de estado o una situación de violencia preparada para que intervengan terceros países y con ello truncar el proceso democrático iniciado por Hugo Chávez hace 17 años. Este ejercicio de movilización tuvo su máxima expresión el primero de septiembre, donde la oposición congregada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) convocó a una gran movilización para exigir la realización del referendo revocatorio al presidente Nicolás Maduro.

Ante estos dos hechos de alto calado, la comunidad internacional ha tenido diferentes interpretaciones. No hemos escuchado que la famosa Organización de Estados Americanos (OEA), con su secretario Luis Almagro, convoque a asamblea extraordinaria para aplicar la carta democrática en Brasil. Se han quedado callados frene al golpe contra la democracia de Brasil, mientras que en el caso venezolano, el tema de aplicar la carta democrática de la OEA ha venido sonando a diario, amenazando con ello su aplicación al gobierno democrático de Nicolás Maduro. La OEA, por lo visto, tiene diferentes raseros para medir la democracia de los países.

Por otro lado, ante el hecho de Brasil, los medios de comunicación masivos han asumido como democrático el proceder del Congreso al destituir a Dilma y ratificar a Michel Temer, y decir que ante este hecho no ha habido reacción del pueblo brasilero, cuando es todo lo contrario. Fue antidemocrática la decisión del Congreso y ante el hecho, las calles de Brasil han sido escenario de protesta y movilizaciones populares. Frente a esta realidad, los medios masivos se han acallado, ocultado lo que sucede en el país carioca. No han mandado corresponsales, no ha sido noticia principal, no hay especiales sobre Brasil… Todo ello porque hay un interés en que esa realidad no sea conocida. 

En el caso de Venezuela, estos medios han hecho gloria de la civilidad de las marchas de la oposición, ocultado los hechos de violencia alrededor de la movilización del primero de septiembre, como la detención de paramilitares con armas, la detención de líderes con explosivos. A Venezuela sí mandaron corresponsales, ahí si hay especiales y hay titulares.

Y con estos hechos, lo que vemos es que los organismos internacionales funcionan según intereses de clase. En Brasil el golpe fue dado por una oligarquía racial en contra de un gobierno democrático y popular, en la República Bolivariana de Venezuela hay unas movilizaciones y agitación en contra de un gobierno democrático y popular. 

En Brasil, Almagro y la OEA aplauden la autonomía del Congreso y se han quedado callados ante tal desfachatez. Mientras los medios han hecho silencio cómplice de este golpe de estado parlamentario; en Venezuela, desde que Maduro llego al gobierno, las movilizaciones han sido en contra de la democracia y han estado cargadas de actos violentos que han dejado más de 50 víctimas -entre ellos varios muertos-, y múltiples ataques a instituciones del Estado, que han contado con el apoyo de la OEA con citaciones a reuniones sólo para tratar el tema de Venezuela con intención de aplicar la carta democrática. Y los medios de comunicación han sido parlantes de la oposición, replicando sus discursos en detrimento del gobierno de Maduro.

Desde el palenque, un cimarrón todavía.

*Palenquero, miembro de Conafro-Marcha Patriótica,  del  Ceuna y activista. 

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