Los acuerdos de paz y las emociones encontradas

Blogger Aiden Salgado
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El 2 de octubre hay que decirle Sí al plebiscito para ratificar los acuerdos, que aunque no son perfectos, son los que el momento real del país permitió alcanzar

Por Aiden Salgado Cassiani*

Dentro de los complacidos por el acuerdo final alcanzado en La Habana, Cuba, el 24 de agosto pasado entre el gobierno nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), se encuentra la mayoría de los luchadores sociales de izquierda y defensores de derechos humanos que toda su vida han trabajado por la paz y la construcción de un país justo. Trabajo por el cual han sido perseguidos, amenazados, encarcelados, desplazados, exiliados y asesinados, sólo por  pensar diferente.

Entre estos luchadores, permítanme el derecho de hablar desde mi percepción. No es muy usual escribir sobre sí mismo, ya que no es bien interpretado, pero quiero hablar sobre mis emociones por los acuerdos y de por qué decir Sí a la paz. 

Cuando me vinculé con alma y corazón a la izquierda, siendo estudiante de contaduría pública en la Universidad del Atlántico en la ciudad de Barranquilla en 1988, con los compañeros de la organización estudiantil “Alma máter” decía que este momento de la firma del acuerdo con las FARC no vendría, y si llegaba, no estaríamos vivos para verlo. Mucho menos me imaginé estar presente en el salón donde se firmó.

Esta percepción se hizo relativa cuando se instalaron las negociaciones en San Vicente del Caguán. Después de mis visitas a ese lugar, se fortaleció mi visión de que nunca se llegaría a firmar por la intransigencia e incomprensión de las partes, las cuales se pueden consultar en el libro de Fidel Castro, “La paz de Colombia”. Esta visión se reafirmó con la ruptura de ese proceso. 

Y pensaba que no estaría vivo si se daba en ese momento por lo que vivíamos en la universidad como estudiantes, situación que se agudizó con los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez. En ese momento, como muchos líderes, fuimos amenazados, desplazados y exiliados, después que la universidad y el departamento del Atlántico fueron tomados por el paramilitarismo. Fueron asesinados alrededor de 20 personas en la Universidad del Atlántico, y unos 50 fueron desplazados o exiliados. Hoy siguen sin condenarse los responsables intelectuales de estos hechos.

Las emociones por lo sucedido el 24 de agosto en La Habana generan la idea de que los acuerdos son la puerta abierta para que esa realidad de horror vivido por los militantes de izquierda y defensores de derechos humanos de Colombia no se vuelva a repetir. Por eso hay que decir Sí el 2 de octubre. Para que las amenazas, los encarcelamientos, los desplazamientos, los exilios y los asesinatos por pensar diferente sean cosa del pasado. No más viudas ni niños huérfanos, es la oportunidad para que no sigan las masacres y los combates, que en su gran mayoría afectan a la gente más pobre.

El 2 de octubre hay que decirle Sí al plebiscito para ratificar los acuerdos, que aunque no son perfectos, son los que el momento real del país permitió alcanzar. Finalizo diciendo que estoy emocionado porque se firmaron los acuerdos, porque estuve presente y porque se incorporó la variable de los grupos étnicos gracias al trabajo arduo de los pueblos indígenas y afrocolombianos.

* Palenquero,  miembro  de  Conafro-Marcha Patriótica,  del  Ceuna y activista. 

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